Un
Nuevo Método Curativo,
Dr. Edward Bach
(Conferencia de Wallingford, con motivo del 50 aniversario del nacimiento
de Bach, 24 de septiembre de 1936)
Desde los comienzos de la historia de la humanidad, sabemos que las
plantas han tenido una función curativa y, tanto como alcanzamos
a ver a través de la tradición, el hombre ha tenido
siempre la confianza de que en las plantas medicinales de las praderas,
valles y colinas permanecía escondido el poder capaz de sanar
sus enfermedades. Siglos antes de Cristo, los antepasados indios,
árabes, así como otras razas, fueron expertos en el
empleo de los regalos de la naturaleza, al igual que los antiguos
egipcios y, más tarde, los griegos y romanos y, en menor medida,
los demás humanos hasta nuestros tiempos.
Por
lo tanto, si tras ellas no se escondiese una gran verdad, no es probable
que grandes naciones de diferentes creencias y distintos colores de
piel hayan creído persistentemente durante milenios y estudiado
de forma continua las plantas medicinales de la naturaleza, utilizándolas
como medicamentos.
En los tiempos antiguos, los médicos de los diferentes países
no eran los únicos que aprendían el empleo de las plantas
medicinales, sino que las personas en sí mismas poseían
una enorme sabiduría sobre su propia fuerza curativa, estando
en muchos casos en situación de tratarse sus propios padecimientos
corporales.
Este país, Inglaterra, no es ninguna excepción, aunque
en la actualidad, el empleo de medios naturales de curación
no está tan extendido, sin embargo, hasta hace una o dos generaciones,
e incluso hoy en día, las gentes que viven en lugares recónditos
del país poseen sus propias provisiones de plantas medicinales
y conocen cómo se deben tratar las enfermedades.
Durante los últimos cuatro o cinco últimos siglos se
han escrito en Inglaterra diferentes libros sobre las propiedades
curativas de las plantas, entre los que destaca el escrito hace casi
300 años por Culpepper, como uno de los más famosos.
Este libro se encuentra todavía en numerosos hogares de las
Islas Británicas, donde es estudiado, utilizado y altamente
valorado. Aunque este libro contiene más de 300 plantas medicinales,
lo que significa que se precisan unos conocimientos básicos,
sin embargo, la gente se esfuerza por hacer suya esta sabiduría
para poder tratar la mayoría de sus padecimientos.
En el curso de la historia hubo tiempos en los que la enfermedad prácticamente
sólo podía ser tratada exitosamente con ayuda de las
plantas medicinales. En otra épocas, el arte de la medicina
natural se olvido en gran parte. En la actualidad, vivimos en esa
época, pero la naturaleza posee tal poder que podemos estar
seguros de que volverá a nosotros.
En los tiempos antiguos, cuando una gran nación desaparecía,
se perdía con ella una gran parte de su sabiduría, pero,
dado que hoy en día, los descubrimientos se convierten inmediatamente
en universales, existe la esperanza de que la bendición que
nos ha tocado en suerte a través del re–descubrimiento
de las plantas medicinales, se extienda universalmente, conservándose
de esta manera esos conocimientos en algún país del
mundo. Las plantas medicinales de las que estoy hablando en este discurso
son ya empleadas de forma frecuente en muchas partes del mundo, aun
habiendo sido recientemente descubiertas.
Podemos
partir con toda seguridad de la idea de que, en los tiempos en los
que se conocía y empleaba correctamente las propiedades de
las plantas medicinales, eran habituales los procesos exitosos de
curación, y de que los hombres de aquella época debieron
poseer una gran confianza en ellas. Si no hubiera sido este el caso,
entonces la fama, la confianza y la creencia en la fuerza curativa
de las plantas no habrían sobrevivido el ascenso y declive
de las culturas, y no habrían permanecido durante cientos y
miles de años en la memoria de los hombres.
La curación a través de métodos naturales puros
y maravillosos es seguramente el método medicinal que más
nos interesa a la mayoría de nosotros, y, en lo más
profundo de nuestro ser, experimentamos que, de hecho, existe algo
de verdad en todo ello; algo que nos dice que esa forma de sanar que
tiene la naturaleza es el camino correcto.
Llenos de confianza, buscamos en la naturaleza todo aquello que necesitamos
para mantenernos con vida: aire, luz, alimentos, etc. Es altamente
improbable que en este enorme sistema que nos proporciona todo no
se haya tenido en cuenta la curación de nuestras enfermedades
y de nuestros padecimientos.
Por lo tanto, vemos que la ciencia que estudia las propiedades curativas
de las plantas se remonta a los tiempos más antiguos, de donde
el hombre ha podido conocer que su empleo fama han perdurado durante
siglos, siendo en muchas épocas de la historia el principal
método curativo y prácticamente el único.
Este
método curativo, sobre el que esta tarde estoy hablando, presenta
las siguientes ventajas frente a otros métodos:
1.
Todos los medicamentos son producidos a partir de flores, plantas
y árboles de la naturaleza. Ninguno de ellos es tóxico
ni puede ocasionar daños, indiferentemente de la cantidad que
de ellos se tome.
2. Existen sólo 38 remedios medicinales, lo que significa que
es más fácil encontrar la planta correcta que cuando
contamos con numerosos medicamentos diferentes.
3. El método de elección del medicamento es tan sencillo
que puede ser comprendido por la mayoría de las personas.
4. Las curaciones que se han conseguido son tan maravillosas que superan
incluso las expectativas de aquellos que han utilizado este método
y las de los pacientes que se han beneficiado de él.
Estas plantas medicinales han continuado teniendo éxito donde
otros tratamientos han fracasado. Y ahora que ustedes ya tienen una
idea de lo antiguo y reconocido que es el arte de la curación
a través de las plantas medicinales, vamos a pasar al tema
principal de esta tarde.
Esta conferencia se ocupa de dos temas centrales:
1. Me gustaría presentarles un nuevo método de curación
por medio de la plantas medicinales.
2. Quisiera apartar lo más posible el miedo que ustedes puedan
tener ante la enfermedad.
Aunque, comparativamente, sólo han transcurrido unos pocos
años desde que el primer grupo de las 38 plantas medicinales
fue descubierto –que es el tema que hoy nos ocupa–, sin
embargo, en ese breve período de tiempo, estas plantas han
tenido ocasión de demostrar las más fantásticas
propiedades curativas. Estas pruebas no sólo han sido observadas
en nuestro país, ni únicamente en nuestro continente,
sino también en países tan lejanos como la India, Australia,
Nueva Zelanda, América, etcétera.
En lo que se refiere a un tratamiento con plantas medicinales, son
de gran importancia los siguientes puntos:
1. Los medicamentos se obtienen a partir de plantas y árboles
de la naturaleza, no siendo ninguno de ellos perjudicial.
2. Su forma de empleo puede ser comprendida sin esfuerzo por personas
que no poseen conocimientos médicos, de tal forma que pueden
estar presentes en cualquier hogar.
Reflexionen un momento acerca de lo que eso significa. Entre nosotros,
existen personas que experimentan, en mayor o menor grado, el deseo
de poder ser útiles en casos de enfermedad, de estar en situación
de poder liberar al enfermo de su padecimiento y sanarlo, pero las
circunstancias de la vida les han impedido que se pudieran convertir
en médicos o enfermeras y creen que nunca podrán realizar
ese sueño. Estas plantas medicinales les ofrecen la oportunidad
de sanar a miembros de su familia o de sus círculos de amistades
o a conocidos.
Junto a su ocupación habitual, pueden prestar una gran ayuda
en su tiempo libre al poner en práctica muchas de sus capacidades
curativas. Hay incluso personas que han dejado su profesión
para poder dedicar todo su tiempo a esta forma de medicina.
Para aquellos que siempre han soñado con el ideal de liberar
a la humanidad de su padecimiento, todo esto significa el poder hacer
realidad su sueño, ya sea dentro de su propia familia o a una
escala mayor.
Quisiera indicar de nuevo expresamente que no es necesario disponer
de conocimientos científicos cuando se utilizan estas plantas
medicinales, ni siquiera es necesario conocer en nombre de l enfermedad.
No se trata de la enfermedad, sino de los pacientes. Para el tratamiento,
no es importante lo que el paciente tenga, ya que una misma enfermedad
arroja diferentes resultados en los distintos pacientes.
Si las repercusiones fueran las mismas en todas las personas, entonces
sería fácil conocer el nombre de la enfermedad, pero
ése no es el caso, y es precisamente ése el motivo por
el que en la ciencia moderna resulta a menudo tan difícil denominar
la enfermedad concreta que padece un paciente.
La enfermedad carece de importancia, lo realmente importante es el
paciente; la manera en que él o ella se siente afectado. Ésa
será la verdadera guía que conduce a la curación.
En la vida diaria, cada uno de nosotros posee su propio carácter,
que es el resultado de nuestras preferencias, inclinaciones, imaginaciones,
pensamientos, deseos, objetivos y la manera en la que tratamos a nuestros
semejantes. Este carácter no reside en nuestro cuerpo, sino
en nuestro espíritu, y el espíritu es la parte más
sensible de cada uno de nosotros. ¿Cómo nos puede, entonces,
extrañar que sea precisamente el espíritu el que, con
sus diferentes estados de ánimo, sea el primero en mostrar
los síntomas de una enfermedad? Siendo tan sensible, representará
para nosotros, en relación a la enfermedad, una guía
mucho más eficaz, que si nos dejamos llevar por el cuerpo.
Modificaciones en nuestro espíritu nos conducirán, de
manera inequívoca, al remedio que necesitamos, aun cuando al
principio nuestro cuerpo apenas se haga eco de esos cambios. Ahora
queremos desviar nuestra atención hacía algunas de las
diferentes posibilidades que existen acerca de cómo un determinado
padecimiento puede repercutir en el individuo.
Todos nosotros sabemos que una misma enfermedad nos puede afectar
a cada uno de nosotros de manera totalmente diferente. Así,
por ejemplo, cuando Tommy tuvo el sarampión, estaba totalmente
nervioso; Sissy, por el contrario, tranquila y obnubilada; Johnny
quería que le mimaran continuamente; el pequeño Peter
estaba sobre excitado y miedoso; Bobby quería que le dejasen
en paz, etcétera.
Si la enfermedad tiene repercusiones tan diferentes, tiene poco sentido
el querer tratarla aisladamente. Es mejor tratar a Tommy, Sissy, Johnny,
Peter y Bobby, sanar a cada uno individualmente y, con ello, el sarampión.
Es importante que a ustedes les quede claro que no se deben guiar
por el sarampión para encontrar el tratamiento correcto, sino
que el punto de referencia debe ser los efectos que la enfermedad
tiene en el pequeño paciente. El estado anímico del
niño es el indicador más sensible para averiguar que
es lo que ese paciente en particular necesita.
De la misma manera que el estado de ánimo nos ayuda a encontrar
el tratamiento correcto de a enfermedad, así también
no puede poner en sobre aviso antes de que el sufrimiento se manifieste,
haciendo de esta manera posible que éste no avance más.
Al igual que el estado de ánimo durante la enfermedad nos conduce
al tratamiento adecuado, así también nos puede advertir
antes de que el padecimiento se manifieste ofreciéndonos la
oportunidad de poder detener el avance de la enfermedad.
El pequeño Tommy regresa de la escuela a casa extraordinariamente
cansado, obnubilado o nervioso, necesita atención o quiere
que lo dejen en paz, etc. No es “el mismo”, como se suele
decir. Vecinos amistosos pasan por casa y opinan que Tommy está
incubando alguna enfermedad y deben esperar a que se manifieste. Pero,
¿por qué esperar? Si Tommy es tratado de acuerdo con
su estado de ánimo, podrá recuperarse rápidamente,
y si amenaza con manifestarse cualquier enfermedad, la mayoría
de las veces no se producirá, pero, en caso de que eso ocurriese,
se trataría de una manifestación tan débil que
apenas se podría notar.
Esto se puede aplicar a todos nosotros. Antes de que se manifieste
una enfermedad se da normalmente una temporada en la que uno no se
encuentra especialmente bien o en la que se ésta un poco cansado.
Ese es el momento en el que debemos tratarnos, ponernos en forma y
acabar con el empeoramiento de nuestro estado.
Prevenir es mejor que curar. Estas plantas medicinales no ayudan de
manera maravillosa en el mantenimiento de nuestro bienestar, protegiéndonos
del ataque de agentes desagradables.
Bueno, ya hemos hablado suficientemente de los primeros estadios de
la enfermedad. Ahora nos queremos dirigir a aquellos que se encuentran
enfermos desde hace algún tiempo atrás. También
en este punto existen motivos suficientes para tener la esperanza
de que se produzca una mejoría del estado general, o bien de
una curación total. Nadie debería perder jamás
la esperanza de sanar. Además, nunca deberíamos tener
miedo del nombre con el que se denomina a una enfermedad. En última
instancia, se trata sólo de un nombre. No existe ninguna enfermedad
que, por sí misma, sea incurable. Esto se puede afirmar con
todo derecho, porque se han recuperado personas que padecían
una enfermedad cuyo nombre nos asusta a la mayoría de nosotros.
Si esto ha sido posible en el caso de ciertos pacientes, también
lo puede ser para nosotros. A veces se necesita menos tiempo para
que algunas personas se recuperen de una de esas terribles enfermedades
que para que otras se recuperen de una enfermedad no tan grave. Todo
depende en mayor medida del individuo que de la enfermedad en sí.
En el caso de enfermedades prolongadas, se aplica el mismo principio
de tratamiento que para afecciones más pasajeras o no tan graves,
ya que, también en el caso de padecimientos que se sufren desde
hace mucho tiempo, la persona afectada sigue poseyendo su carácter,
sus deseos, esperanzas, imaginaciones, preferencias, antipatías,
etcétera.
Repitiéndolo una vez más. Todo lo que se debe de hacer
es prestar atención a los efectos que la enfermedad tiene sobre
el paciente: si está deprimido, si no posee esperanzas de recuperarse,
si tiene miedo de un empeoramiento de su estado, si está nervioso,
si desea compañía o si prefiere tener su propia tranquilidad
y estar solo, etcétera, para poder buscar el remedio o los
remedios apropiados según los diferentes estados de ánimo.
También aquí es maravilloso el hecho de que en el caso
de una enfermedad que amenaza con manifestarse, no lo haga cuando
se ha podido restablecer el estado anímico del paciente. Por
lo tanto, en estos casos, en los que el paciente está enfermo
desde hace mucho tiempo, se produce una notable mejoría y se
recupera el carácter propio, logrando que, también así,
desaparezca la enfermedad, una vez que se ha logrado superar esos
estados anímicos antinaturales como la depresión, el
miedo, etc., sin importar la enfermedad de que se trate.
Existe todavía otro tipo de persona. En este caso, se trata
de aquellas que, en el sentido normal de la palabra, no están
real mente enfermos pero que, sin embargo, siempre andan quejándose
de ésta o aquella molestia. Estas molestias, seguramente, no
son tan graves pero bastan para hacer que, a ratos, la vida sea un
continuo y difícil examen hasta que se convierte en una carga.
Estas personas quedarían profundamente agradecidas si se las
libera de sus padecimientos. La mayoría de ellos han probado
ya miles de remedios para acabar con estos problemas, sin haber encontrado
la solución definitiva.
A este grupo de personas pertenecen aquellos individuos que, a menudo,
padecen de dolores de cabeza, algunos son víctimas cada año
de fuertes resfriados, otros padecen reuma, digestiones pesadas u
ojos irritados, asma o ligeros trastornos cardíacos, insomnio,
etcétera.
Supone también una gran alegría el poder ayudar a estas
personas que, a menudo, han creído tener que soportar durante
toda su vida estas molestias. Y, entre todas ellas, particularmente,
las que han temido que, con la edad, esos síntomas empeoren
aún más. Casos semejantes pueden ser sanados y, con
frecuencia, se produce ya una mejoría poco tiempo después
del comienzo del tratamiento.
Para terminar, existe todavía otro grupo. Personas que se encuentran
realmente bien, que son fuertes y sanas pero que, sin embargo, tienen
sus dificultades. Estas personas comprueban que su trabajo o su tiempo
libre se ven dificultados por los siguientes factores: tienen un deseo
exagerado de hacer todo correctamente; son excesivamente entusiastas
y agotan todas sus fuerzas; tienen miedo de fracasar, no se creen
tan inteligentes como otras personas o bien, no pueden decidir lo
que realmente quieren. A este grupo pertenecen aquellas personas que
tienen miedo de que le ocurra algo a la persona que tienen a su lado,
que siempre temen lo peor aun cuando no exista motivo para ello. Entre
ellos se encuentran aquellos que son hiperactivos y están desorientados
y que, parecen no encontrar nunca la tranquilidad. También
se incluyen aquellas personas que son demasiado sensibles, tímidas
y nerviosas, etcétera. Todos estos padecimientos causan pesar
y preocupación aun cuando no pueden ser definidos como enfermedades,
pudiendo ser restablecidos de nuevo cuando esas personas recobran
la alegría de vivir.
Vemos, por lo tanto, la gran fuerza curativa que posee el remedio
correcto, no sólo en lo referente a mantenernos sanos y protegernos
de enfermedades, no únicamente en lo que atañe a detener
una enfermedad amenazante, a liberarnos y sanarnos cuando padecemos
y estamos enfermos, sino también en lo que se refiere a recuperar
la paz mental, el sentimiento de felicidad y alegría cuando
nuestra salud es la correcta.
De
nuevo, queremos asegurar lo siguiente: ya se trate de que se esté
agotado o simplemente un poco cansado, de evitar una enfermedad o
de tratar una enfermedad más o menos larga, el principio a
aplicar es siempre el mismo: Se debe tratar al paciente. Y se le debe
tratar según su estado de ánimo, su carácter,
su individualidad y así nunca se podrán equivocar.
Piensen de nuevo la alegría que le depara a una persona que
quiere encontrarse en situación de hacer algo bueno por los
enfermos, e incluso ayudar a aquellos por los cuales la medicina ya
no puede hacer nada más. El convertirse en un sanador entre
sus semejantes le confiere poder.
Reflexionen también nuevamente sobre el hecho de que esto nos
proporciona una postura totalmente nueva ante la vida, ya que perdemos
el miedo y crece nuestra esperanza.
Este arte de la curación ha sido puesto en práctica,
publicado, y cedido generosamente a otras personas para que, de esta
manera, individuos como ustedes puedan ayudarse a sí mismos
en caso de enfermedad o, puedan mantenerse sanos y fuertes. No es
necesario poseer conocimientos científicos, sólo se
ha de estar en posesión de un poco de conocimiento, comprensión
y sensibilidad para con la naturaleza, lo cual es totalmente natural
para la mayoría de nosotros.
La tarde del día de hoy no basta para que les pueda dar una
descripción detallada de todos los 38 remedios. Y tampoco es
realmente importante, ya que con conocer cómo se utilizan tres
o cuatro de estos medicamentos se conoce el principio común
aplicable a todos los demás.
Por este motivo, queremos ocuparnos de los medicamentos que se prescriben
en el caso del miedo. No es importante que se trate de una accidente,
de una enfermedad repentina o duradera o, incluso, de personas a las
que no le falta nada especialmente, si existe miedo, se debe prescribir
uno de los remedios contra el miedo.
Naturalmente, puede que sea necesario el empleo simultáneo
de varios medicamentos, ya que se pueden dar diferentes estados. En
estos casos, se deben suministrar adicionalmente otros medicamentos,
pero dependiendo de cada caso en particular.
El miedo, en cualesquiera de sus aspectos, está muy extendido,
no únicamente entre los enfermos, sino que también nos
afecta a nosotros que, normalmente, nos sentimos perfectamente bien.
Pero, sea lo que sea, estos medicamentos nos ayudarán siempre
a liberarnos de esa pesada carga que denominamos miedo.
Existen cinco tipos de miedo y, por ello, cinco medicamentos: uno
para cada una de las manifestaciones del miedo.
El primer medicamento está indicado para casos en los que el
miedo es enorme, desembocando en temor o pánico. En estos casos,
o bien el miedo está enraizado en el paciente, o bien es provocado
por el hecho de que el estado es tan grave que incluso despierta un
profundo terror entre otras personas. Este tipo puede aparecer con
una enfermedad repentina o con un accidente, pero siempre, cuando
ha tenido lugar una emergencia o un gran peligro. En este caso, el
remedio es el Heliantemo, que se obtiene a partir de una pequeña
planta de nombre “heliantemo común”.
El heliantemo común es una preciosa planta de flores amarillas
que crece en las laderas de las montañas, con frecuencia allí
donde el terreno es pedregoso o rocoso. Como planta cultivada se encuentra
en jardines que poseen adornos con piedras, aunque para emplearla
como remedio curativo siempre se debe de escoger la variedad silvestre.
Este
remedio ha logrado ya maravillosos efectos y, en muchos casos alarmantes,
proporciona una mejoría tan sólo unos minutos u horas
después de su toma.
Los conceptos claves para este remedio son: pánico, temor,
una gran e imprevista situación de emergencia o peligro.
El segundo tipo de miedo es más frecuente: es el miedo con
el que nos encontramos en nuestra vida diaria.
Los miedos normales de los que somos víctimas muchos de nosotros
son: miedo de sufrir accidentes, miedo ante enfermedades, miedo de
que empeore el estado de una enfermedad, miedo de la oscuridad, miedo
a quedarse solo, miedo a que irrumpan en la casa para robar, miedo
a que se produzca fuego, miedo de la pobreza, miedo de los animales,
de otras personas, etc. En general, miedo de cosas concretas, sin
importar si existe motivo o no para ello.
El remedio para este tipo de miedo es una preciosa planta de nombre
Mímulo (mímulo jaspeado). Esta planta tiene bastan te
parecido con el azmizcle, crece en aguas claras y en las orillas de
los ríos.
El tercer tipo de miedo es el miedo frente a cosas confusas, imprevisibles,
que no pueden ser explicadas. Algo así como si fuera a ocurrir
algo espantoso sin poder tener una idea de lo que pueda ser.
Todos
estos miedos, para los que no se puede aportar un motivo pero que,
sin embargo, son muy reales y excitante, requieren el remedio que
se extrae del Álamo temblón. El alivio que este remedio
ha proporcionado a muchas personas es algo realmente maravilloso.
El cuarto tipo de miedo reside en el hecho de que se sobrecoge al
espíritu, no pudiendo este resistir la tensión. Surge
cuando en nosotros aparece el impulso de hacer cosas en las que normalmente
no deberíamos pensar o que sólo deberíamos tomar
en consideración durante un momento.
El
remedio para este estado de miedo se extrae de una cereza (Cherry
plum) que en las zonas rurales crece junto a los setos. Esta planta
expulsa todas las ideas falsas, proporcionándole al paciente
la fuerza y confianza necesaria.
Finalmente, el quinto tipo de miedo, es el temor pro los otros, principalmente
por aquellas personas que están a nuestro lado.
Cuando llegan demasiado tarde, se cree que ha tenido que ocurrir un
accidente, cuando se van de vacaciones, se teme que les sobrevenga
una desgracia. Algunas enfermedades se hacen muy graves, e incluso
aquellos que no están realmente enfermos padecen un miedo enorme.
Temen siempre lo peor y esperan una gran desgracia.
El remedio para estas personas es la flor del Castaño rojo
que todos conocemos tan bien. Esta flor aparta estos miedos rápidamente
y nos ayuda a volver a pensar de forma normal.
Estas cinco diferentes formas de miedo no pueden confundirse entre
sí fácilmente, ya que están suficientemente diferenciadas.
Aunque sea el miedo el estado de ánimo que más frecuentemente
debemos tratar, son necesarios uno o más de los cinco remedios
para poder luchar contra todas sus diferentes manifestaciones.
Entre los otros remedios, ustedes encontrarán aquellos que
son usados para todos los estados diferentes que puedan poner se de
manifiesto, como, por ejemplo, remedios para aquellos que sufren de
inseguridad, que nunca saben lo que quieren o lo que es correcto para
ellos. Algunos remedios para la soledad, otros para aquellos que son
hipersensibles, otros para la depresión, etcétera.
Con
muy poco esfuerzo se puede encontrar el remedio o los remedios que
un paciente necesita. Una vez más, el punto más importante
es el siguiente: por más fantástico que esto pueda sonar,
liberen al paciente de ése o esos estados anímicos que
se describen en este método de curación, para lograr
así la recuperación del mismo.
Fuente:
Bach, Edward. LOS REMEDIOS FLORALES. ESCRITOS Y CONFERENCIAS. Ed.
Edaf. 1993