Gestalt Ceres

Psicología. Gestalt. Terapia floral

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Fases del duelo, Kübler-Ross

Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004) psiquiatra Suiza, experta en los procesos de muerte y cuidados paliativos, escribió varios libros sobre la muerte y los moribundos dando una gran difusión a la atención de las personas en procesos cercanos a la muerte. Y a la que también debemos una aproximación al conocimiento del duelo como una fase de vida especial a la que se le debe una atención específica.

Elisabeth Kübler propone una serie de fases o etapas por las que las personas en duelo suelen transitar y que merecen de una atención para su elaboración y evolución natural.

Sin que tengan que seguir una correlación exacta, a excepción de la primera, el shock, las otras etapas pueden variar y en muchas ocasiones volver a reaparecer una vez parecía que se habían traspasado.

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¿Qué hace el terapeuta?

El foco de atención del trabajo del terapeuta se encuentra en la manera de estar y en las actitudes y valores que vivencia y trata de potenciar en la relación con el paciente. Las actitudes que promueve el terapeuta en dicha relación son:


A) ACENTUAR LO CREATIVO: Desarrollar la capacidad de observar, de ver al otro sin prejuicios. No hay intención de búsqueda de algo concreto y prejuiciado en el mirar y escuchar, y solo entonces lo que surge es relevante y genuino.


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Psiconeuroinmunología: Lo que el corazón quiere, la mente se lo muestra

Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretacion de la realidad“.
Entrevista al Dr. Mario Alonso Puig, Médico Especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, Fellow de la Harvard University Medical School y miembro de la New York Academy of Sciences y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.

“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente.

 

 

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Superar la ansiedad, por el Dr. Alejandro Napolitano

Desde hace ya unos cuantos años la palabra ansiedad ocupa espacios cada vez mayores en los medios de comunicación masiva. Vocablo bastante técnico, salido del ámbito de la psicología clínica, nos llega dando una voltereta extraña. Se trata de la traducción del inglés anxiety, para el que en castellano ya contábamos con la expresión angustia.

 

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La depresión, Alexander Lowen

La persona deprimida es una persona que ha perdido su fe” (A. Lowen)

Lo común a toda reacción depresiva es la falta de realidad que impregna la actitud y conducta de la persona. Cuando una persona ha experimentado una pérdida o trauma en su infancia que ha socavado sus sentimientos de seguridad y auto-aceptación, proyectará en su imagen de futuro la exigencia de que invierta en su experiencia pasada.

Hoy en día hay tanta gente que persigue metas irreales, sin relación directa con sus necesidades básica como seres humanos, que la depresión es algo casi normal.

La persona deprimida está presa por las barreras inconscientes del “se debería” y “no se debería”, que la aíslan, la limitan y pueden incluso aplastar su espíritu.

 

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La sabiduría de las emociones, Norberto Levy

Ciertas emociones nos informan de lo que “tenemos”, como la alegría, la gratitud, la confianza o la solidaridad, y naturalmente son emociones agradables. Otras nos informan acerca de algo que nos falta, como la tristeza, el miedo, la envidia o la culpa. Estas emociones son, sin duda, dolorosas y por una confusión respecto a ellas las solemos llamar “negativas”, cuando en realidad no los son. Por el contrario, todas las emociones dolorosas son valiosísimas señales que nos remiten a problemas que estamos experimentando en ese momento.

 

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La metáfora del carruaje (prólogo de J. Bucay)

En el difícil camino de sabe quién somos, lo principal es reunir las partes de nuestro ser que la educación y la vida han separado peligrosamente. Cuerpo, mente y emociones nos pertenecen y constituyen, pero a veces parecen luchar entre sí.

Devolver al individuo su sensación de unidad y la capacidad para percibirse como un todo, que cuando era niño sin duda poseía, es el primer paso para el bienestar y el objetivo de terapias holísticas. Se trata de que la persona pueda integrar las diferentes facetas de su ser, la mental, la emocional y la corporal, en lugar de vivirlas como partes distintas de uno mismo que batallan par encontrar un espacio de expresión. Para explicar en qué consiste esta labor integradora echemos mano de la metáfora del carruaje:

 

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La sombra, por T. Dethlefsen, y R.Dahlke

La sombra produce la enfermedad, y el encararse con la sombra cura. Ésta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano. Por el síntoma el ser humano experimenta aquello que no ha querido experimentar conscientemente. El síntoma, valiéndose del cuerpo, reintegra la plenitud al ser humano. Es el principio de complementariedad lo que, en última instancia, impide que el ser humano deje de estar sano. Si una persona se niega a asumir conscientemente un principio, este principio se introduce en el cuerpo y se manifiesta en forma de síntoma. Entonces el individuo no tiene más remedio que asumir el principio rechazado. Por lo tanto, el síntoma completa al hombre, es el sucedáneo físico de aquello que falta en el alma.

En realidad, el síntoma indica lo que le «falta» al paciente, porque el síntoma es el principio ausente que se hace material y visible en el cuerpo. No es de extrañar que nos gusten tan poco nuestros síntomas, ya que nos obligan a asumir aquellos principios que nosotros repudiamos. Y entonces proseguimos nuestra lucha contra los síntomas, sin aprovechar la oportunidad que se nos brinda de utilizarlos para completarnos. Precisamente en el síntoma podemos aprender a reconocernos, podemos ver esas partes de nuestra alma que nunca descubriríamos en nosotros, puesto que están en la sombra. Nuestro cuerpo es espejo de nuestra alma; él nos muestra aquello que el alma no puede reconocer más que por su reflejo. Pero, ¿de qué sirve el espejo, por bueno que sea, si nosotros no nos reconocemos en la imagen que vemos?

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