Gestalt Ceres

Psicología. Gestalt. Terapia floral

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Eneatipo I: El “Amor-Superior” (Las perturbaciones del Amor, C. Naranjo) (7/10)

Escasamente se distinguen en el uso habitual la ira y el odio, puesto que se llama odio a lo opuesto del amor. Según esto, la pasión del EI sería un antiamor. Su carácter manifiesto, sin embargo, no es ese “contra-amor” que describimos como propio de la violencia, el atropello y la explotación del EVIII. Ya hemos visto cómo el EI es un carácter bueno -entendiendo por ello alguien que no odia, sino que más bien profesa amor.

Así como el amor del EII es un fenómeno emocional al que le falta acción, el amor del El está constituido de intenciones y actos a los que le falta emoción: un amor poco tierno, duro incluso se diría si la prohibición de la dureza y un empeño consciente en ser tierno no lo hicieran menos aparente.

Las personalidades de los eneatipos VIII y I son comparativamente agresivas, en uno la agresión (valorada) está al desnudo y, en el otro (desvalorada), negada y en cierto modo sobrecompensada, específicamente en la vida amorosa y en el aspecto amoroso de las relaciones y situaciones humanas. En tanto que el EVIII es un «malo» explotador que exige indulgencia o complicidad, el EI se pone ante el otro de dador, de generoso y en virtud de ello se sentirá con los correspondientes derechos.

Su agresión no desaparece, sin embargo, sino que se metamorfosea en exigencia y superioridad, en un dominio o control sobre el otro no menor que en el caso del carácter avasallador -sólo que aquí se disfraza (ante los ojos del sujeto mismo) de algo justificado por principios impersonales.

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Fig 1. Vervain

Una ilustración de Quino explica el profundo auto engaño de los «justicieros morales» o perfeccionistas (para distinguirlos de los justicieros amorales lujuriosos), que disfrazan sus deseos de exigencias justas presuntamente desinteresadas: la justicia, que comúnmente se personifica en una mujer cuyos ojos vendados no distinguen personas ni intereses, lleva una venda sobre uno sólo de los ojos (que cómicamente nos recuerda el parche del pirata, en la imagen estereotipada del mismo), y con su poderosa espada corta una tajada de jamón.
La imagen del jamón aquí parece contradecir implícitamente esa pretensión desinteresada de los puritanos, caricaturizada por Canetti en el retrato de una vestal incorruptible cuya boca está dedicada exclusivamente al servicio de las palabras y nunca se corrompe recibiendo algo tan bajo como los alimentos de los que viven los comunes mortales.

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Fig 2. Rock Water

La forma de afirmación de los deseos es, entonces, su transformación en derechos; y así como los deseos del rebelde se sustentan en su poder bruto, los del virtuoso se apoyan en su superioridad moral. A tal transformación del «yo quiero» en «tú debes» alude Quino en el resto de su cartoon, que nos muestra, junto a la poderosa mujer entrada en carnes (que como parodia de la Justicia cortaba el jamón) y sobre una silla alta, a un juez; un juez que, por su estatura y el tipo de silla en que está sentado, así como por la presencia de un juguete en el suelo y su gesto de relamerse mientras come, es la imagen de un niño, tan impotente como poderoso es el brazo de la justicia.

Aludir a esta perturbación del amor como «amor superior» implica un «amor inferiorizante»: el otro, tan beneficiado en apariencia por sus actos benévolos, se ve privado de calidad moral o estatura espiritual; en cierta medida «vilificado», a la vez que controlado y exigido.

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Fig 3. Beech

La inferiorización del otro se hace a través de la crítica, ya sea la critica explícita y consciente a sus rendimientos, decisiones o actitudes -has hecho esto o aquello mal- o “no apruebo tal aspecto de tu vida”, como la crítica menos explícita de un no darse por satisfecho ante manifestaciones del otro que no alcanzan el ideal de excelencia perfeccionista.

Entre los tres amores el más dominante aquí es el amor-admiración: el amor a la grandeza, a lo ideal… El amor al prójimo va en segundo lugar, por que es un amor en aras de los ideales, un amor que se ciñe al deber, a la vez que un amor pobre en ternura. Y, más postergado, se encuentra el amor a sí mismo, inconsciente y negado. Su moral no permite los propios «deseos egoístas», así como no permite los ajenos.

Se puede hablar en este carácter de una actitud antivida, en vista del excesivo control represor de los propios impulsos, del tabú de su instintividad y de la del otro. Ya se trate del amor sobreprotector hacia los hijos o del amor posesivo hacia la pareja, no sólo hay una pérdida de espontaneidad en la persona misma, sino una relación que le quita espontaneidad al otro, quien se ve envuelto en un campo represor invisible.

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Fig 4. Howthorn (Espino Blaco)

Este amor, excesivamente condicional, exige méritos inalcanzables y pierde la espontaneidad. Desconoce su destructividad; asume el rol parental no para apoyar, sino para interferir con el niño interior del otro.

Fuente: Claudio Naranjo. El Eneagrama de la Sociedad. Ed. La Llave (dentro del Capítulo “Las perturbaciones del amor”)

 

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Video Claudio Naranjo – Eneatipo I

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