Gestalt Ceres

Psicología. Gestalt. Terapia floral

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La depresión como alienación, por R. Mateos

La depresión es una vivencia de oscuridad, como de media vida, que con frecuencia cursa con tristeza o, incluso, con llanto. Pareciera como si en ella hubiese implícita una pena, o acaso una añoranza, por algo perdido, por algo que se tuvo y que ya no se tiene o, posiblemente, por algo que creemos que nunca hemos llegado a tener y de lo que nos sentimos carentes. A veces, es fruto de un largo proceso de frustración o de insatisfacción, y otras, por el contrario, acontece de forma súbita y se instala en nosotros con presteza. Y así, un día, es como si de pronto abriésemos los ojos y echásemos en falta ese algo, sintiéndonos incompletos y sin capacidad de encontrar de nuevo el camino, allí en medio de la oscuridad. Nos damos cuenta de la separación, del vacío, y nos vivimos en el aislamiento, alienados o separados de aquello que habría de dar sentido a nuestras vidas. En una palabra, sentimos la ausencia, la incompletad. Se produce un corte entre el yo y lo de fuera, porque existe una desconexión entre el yo y lo de dentro. Vivimos, en realidad, un proceso de alienación porque sentimos que algo intrínseco a nosotros se volvió ajeno, ya sea porque está en otro lugar, o porque está perdido y olvidado en algún lugar dentro de nosotros, porque nunca antes lo habíamos buscado. Y quizá es por eso, por esa alienación, por ese triste sentimiento de separación y de aislamiento, que la depresión es tan común en nuestro mundo occidental.

 

Alienacion

 

Como escribe el sociólogo Moscovici:

La sociedad moderna se orienta hacia una racionalización de la economía y de la relación basada en la posibilidad de cálculo en todos los terrenos. Organiza la administración de los hombres como la de las cosas, burocratiza los valores de la cultura y seculariza las creencias por medio de la ciencia. Abocada a las transformaciones tangibles, borra soterradamente las huellas milenarias del mito y de la magia, la ilusión de un sentido de la vida. Avanza sin cesar hacia las postrimerías del “desencantamiento del mundo”.

El mismo Moscovici rastrea históricamente esa idea de “desencantamiento del mundo”, como forma de depresión existencial, hasta el siglo XVIII, vinculándola a esa voluntad de los ilustrados de comprender la realidad social desde planteamientos radicalmente laicos y apoyados, fundamentalmente, en el ámbito de la razón.

Retomando esa idea de la depresión como una forma de alienación, me interesa hacer un parón en este punto, para entrar a definir la alienación, para poder vincularla, de forma más clara a la depresión. El término alienación es complejo en su semántica, pues tiene múltiples significados, si bien todos ellos hacen referencia a una cierta forma de separación, de alejamiento de algo o de alguien, de desprendimiento o cesión de algo intrínseco o propio del yo, o de extrañamiento de uno mismo frente a otros individuos, frente a la sociedad, o frente al trabajo.

Nos dice la Real Academia que en castellano significa, a un tiempo, “sacar a uno fuera de sí, entorpeciéndole o turbándole el uso de la razón o de los sentidos”; y también significa “desposeerse o privarse de algo, apartarse, retraerse del trato y de la comunicación que se tenía con alguna persona, o con un grupo social, por haberse entibiado las relaciones de amistad”. Por otra parte, alienar es convertir en ajeno algo que nos es propio y, en ese sentido, vuelve a aparecer ese aspecto de separación, de castración dicen algunos psicoanalistas, que en el extremo nos lleva a la idea de conmoción y perturbación de la razón que tradicionalmente se ha venido en llamar “enajenación mental”.

Finalmente, el diccionario de la academia del año 1970 nos da otra acepción, quizá más interesante, al definir la alienación como “un estado de ánimo individual o colectivo en el que el hombre se siente ajeno a su trabajo o a su vida auténtica, un proceso mediante el cual el hombre, o una colectividad, transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debiera esperarse de su condición, es decir, un proceso que supone una ruptura entre las conductas reales y las que normalmente cabría esperarse en la persona” .

Sin llegar tan lejos, y dejando al margen ese aspecto extremo de la “enajenación mental”, que se sale del ámbito de este trabajo, podemos ver como la depresión, en cualquiera de sus manifestaciones, está íntimamente ligada a un sentimiento de separación, de apartamiento, de incompletud e, incluso, de transferencia a otro u otros de algo que nos es propio. No en vano, y en base a esa argumentación, el mismísimo Karl Marx habló de la religión como una forma de enajenación, por depositar en una entidad externa, en este caso en la divinidad, algo que nos es propio y que, al enajenarlo, nos deja incompletos.

Vemos, por tanto, como en la alienación aparecen elementos propios de la depresión o de un proceso depresivo: separación, extrañamiento, transformación de la conducta, dejación de funciones o de aspectos y capacidades intrínsecos a la persona y, en general, una sensación de aislamiento, de extrañeza, que nos impide interactuar con el mundo y con los otros de forma completa. De hecho, para los psiquiatras la alienación es un bloqueo autoinducido, o una disociación de sentimientos, que produce en la persona una reducción de su capacidad social y emocional con las consiguientes dificultades para ajustarse a la sociedad. Sin embargo, para algunos filósofos la alienación, y también podríamos decir la depresión, tiene un origen que no está en la persona sino en una sociedad vacía y despersonalizada. Algunos como el historiador social del arte Arnold Hauser, han relacionado el concepto de alienación con el de narcisismo, lo cual no es extraño a la luz del crecimiento de los desórdenes depresivos en una sociedad como la nuestra que, cada vez, parece cobrar un sesgo más narcisista.

Históricamente fue el filósofo alemán Hegel, hijo de la Ilustración alemana, quien por primera vez se ocupó de la alienación en su obra “Fenomenología del Espíritu”. Hegel nos habla de una alienación en torno al mundo del pensamiento y distinguirá distintas formas en las que se manifiesta: la alienación como separación, la alienación como entrega, la alienación como enajenación de la titularidad de algo, la alienación en la relación amo-esclavo, y la alienación como forma de insatisfacción. De él tomó el concepto Kart Marx, quien lo remite, desde su planteamiento materialista, al ámbito de la relación entre el trabajador y el producto terminado, puesto que el sistema capitalista está basado en la no propiedad de aquello que se produce.

Posteriormente Sigmund Freud formuló la alienación como un distanciamiento de uno mismo motivado por la separación de las partes consciente e inconsciente de la mente (de ahí que el proceso psicoanalítico pase por el alumbrar los contenidos oscuros e ignotos del inconsciente). Más tarde la sociología nos habló de desarraigo y, finalmente, los existencialistas concluyeron que un cierto grado de autoextrañamiento y de impotencia ante el propio destino es consustancial a la condición humana. En este sentido Jean-Paul Sarthe habló de “la nada” y de “la naúsea”, abstracciones ambas que no están lejos de lo depresivo, de esa sensación de vacío, de incompletud e, incluso, de oscuridad.

Sería muy prolijo, aunque muy rico, el poder entrar en estas cuestiones con mayor detenimiento en este corto espacio de tiempo y, por ello, me limitaré, a partir de lo anterior, a intentar apuntar algunas esencias de flores de los sistemas Bach y FES, que me han parecido especialmente útiles para el tratamiento de los cuadros depresivos, a la luz de esta idea de la depresión como forma de alienación, de separación, de impotencia, de corte, de oscuridad, de marginación, de castración incluso. Para ello, y siguiendo los planteamientos de Hegel, me fijaré en tres posibles génesis del cuadro depresivo: la alienación fruto de una entrega o de una dejación de algo propio e intrínseco al yo; la alienación como forma de separación; y la alienación como forma de insatisfacción.

Pero antes de empezar, si quisiera destacar una esencia en especial, Bleeding Heart, que trabaja sobre el dolor de la separación en sí mismo, el llanto, la labilidad emocional.

El primero de estos tres supuestos arriba citados nos habla de un cuadro depresivo en el que la alienación surge de una entrega, de una dejación, ya sea consciente o inconsciente, de algo que nos es propio y que es enajenado, o convertido en ajeno, dejándonos incompletos y vacíos de esa parcela de poder. Siguiendo este hilo argumental, veamos ahora algunas esencias florales importantes:

  • Daffodil, porque en el narcisismo que trabaja esta esencia esta implícita esa enajenación del yo, que muchas veces cobra un carácter claramente depresivo, que nos impulsa a buscarnos una y otra vez sin conseguir nunca encontrarnos, sin conseguir nunca sentirnos en paz y completos. Narciso vive una tremenda angustia existencial porque está separado de su propia imagen.
  • Heather, porque en esta esencia nos encontramos con una cronificación de un estado en el que se da una dejación de la propia identidad. Para el Heather la identidad se la confiere el otro y de ahí su necesidad de la presencia continua de otro, que es capaz de calmar su sed de existencia.
  • En California Poppy lo que se enajena es el brillo. El sol está afuera, porque no está en mí. Por eso me sostengo no en mi propia luz, sino en aquella que me como un reflejo me llega desde el otro, en quien yo enajené mi propio brillo.
  • En Centaury la enajenación toca al poder y a la fuerza, y por ello nos convertimos esclavos de otro que, en nuestra fantasía, es el poseedor de la fuerza mientras que nosotros nos vivimos en la debilidad. En Centaury el mandato del otro me confiere la fuerza de la que creo que carezco, y atendiendo a sus órdenes creo salvarme y conectar con la vida.
  • En Milkweed lo que enajenamos es la autonomía, puesto que en el cuadro Milkweed yo no puedo ser autónomo sin el otro, aunque el costo sea el quedarme crónicamente atrapado en un estadio larvario que nunca me permite llegar al desarrollo completo.
  • En Oak se enajenó la necesidad. Yo no necesito puesto que quien necesita es el otro y es al otro a quien tengo que sustentar. Pero el conflicto estriba en que soy incapaz de atenderme a mi mismo y me deprimo cuando no tengo un quehacer en aras del otro.
  • En Chicory se enajena la dependencia emocional, por eso me deprimo cuando siento que el otro no depende emocionalmente de mí, sin darme cuenta de que el verdaderamente dependiente soy yo.
  • En Goldenrod enajenamos el criterio y somos incapaces de posicionarnos si el criterio y la norma no llegan de fuera. Tampoco en este caso somos autónomos puesto que, como en los anteriores, hemos hecho una dejación de nuestro poder quedándonos desprovistos de algún aspecto de nuestra propia fuerza, de nuestra integridad completa.
  • En Pretty Face, aquello que fue entregado, aquello de lo que me desprendí, porque lo puse afuera, es mi propia belleza. Y me deprimo tapando lo que entiendo que es mi fealdad, porque mi auténtica belleza no se ajusta a los modelos externos al uso.
  • Y en Cerato, el magnífico Cerato, aquello que fue enajenado fue el conocimiento. Y fruto de ello me siento privado de él y de mi propia sabiduría interna. Así, como efecto, busco imperiosamente el conocimiento en el otro, porque no lo puedo reconocer y valorar en mí.

El segundo supuesto, y no menos importante que el anterior, es el de la alienación como forma de separación, el de la depresión que surge como fruto del sentirme separado, desconectado, apartado de un aspecto de mí mismo. Veamos algunas esencias a este respecto:

  • En Mariposa Lily me siento desconectado del amor materno y, en consecuencia, de mi capacidad no solamente de nutrir a los demás sino, y de forma más importante, de nutrirme a mí mismo. Desde esa separación no me alimento ni me puedo autosostener emocionalmente en momentos de dificultad o de crisis.
  • En Buttercup de lo que me siento separado es de la posibilidad de sentir amor hacia mí mismo. Por tanto, me deprimo porque soy incapaz de quererme, de tratarme bien, de darme reconocimiento a mí mismo.
  • En Shooting Star existe una profunda sensación de separación de todo aquello que es humano. Lo humano, lo hermano, lo propio de nuestra especie, lo vivimos como ajeno, extraño, como si no tuviera que ver con nosotros. Y aparece la depresión que surge del aislamiento, de la marginación, del estigma de sentirse el “pato feo”, el raro de la colectividad, el que no encaja.
  • En Red Chestnut también aparece esta separación del cuidado y la atención para con uno mismo. La necesidad de bienestar queda enajenada y la proyectamos sobre el otro. De ese modo, pervertimos la posibilidad de cuidarnos a nosotros mismos, de tal manera que es el bienestar del otro el que se convierte en garante del bienestar propio.
  • En Gentian nos sentimos separados de la fe, de la posibilidad de entendimiento y de comprensión, y, por tanto, de la posibilidad de perseverar a pesar de la adversidad. En Gentian nos sentimos apartados de la idea de Dios, y de su promesa.
  • Iris es una esencia maravillosa para los cuadros depresivos, puesto que rompe la sensación de separación al conectarnos con lo creativo, con lo cósmico, con lo superior, con lo bello, con lo inspirado. Iris construye un Arco Iris de color que una la tierra y el cielo y, como la propia planta, nos saca de la oscuridad de la tierra para permitirnos florecer hacia el cielo. Con Iris recordamos que el Arco Iris fue creado como garantía de una promesa de Dios a los hombres tras el Diluvio Universal.
  • En Rock Water, el duro Rock Water, la depresión a menudo ni siquiera se siente porque la coraza es excesivamente dura. Y es que el Rock Water está enajenado de la posibilidad de gozar, de disfrutar, y hasta casi de sentir.
  • En Baby Blue Eyes la separación es frente al mundo, un mundo hostil en cuya bondad y en cuyo amor no podemos creer ni confiar. Desde ahí miramos al mundo de soslayo, con gesto irónico, pero con regusto triste y desencantado.
  • La separación de nuestra propia sombra, causa de incontables depresiones inexplicadas, la trataremos con Black Eyed Susan, una esencia que remienda lo que se separa, al igual que Peter Pan tiene que ir, a cada tanto, cosiéndose la sombra para que no se le escape y así poder crecer.
  • En Calla Lily nos encontramos divorciados de nuestra identidad sexual profunda.
  • En la California Pitcher Plant, una potente planta depredadora que lucha en busca del alimento, aquello de lo que nos sentimos separados es del instinto como fuerza motora e impulsora que nos vincula con nuestro pasado filogenético y con nuestro presente que todavía es, en parte, animal.
  • En el Saguaro la separación toma la forma de la negación de las propias raíces, de nuestra etnia, de nuestra cultura, del entorno en el que elegimos nacer y desarrollarnos. Así, divorciados de nuestras raíces, apenas si podemos sostenernos por nosotros mismos puesto que, al negar lo propio, sólo creemos que podemos vivir en base a lo ajeno.
  • En Sweet Pea nos encontramos separados de la sensación de hogar, y como los caracoles acarreamos nuestro cuadro depresivo de forma crónica, en la esperanza de lograr encontrar nuestro propio lugar en el mundo, el hogar anhelado.
  • En Wild Rose nos sentimos separados de la vida, de la pasión, y de la curiosidad por las cosas del mundo que nos lleva a movernos, a buscar, a sentir, y a encontrar.
  • Y en Tansy, un poderoso antidepresivo, nos encontramos sumidos en el olvido y en la separación de nuestras propias necesidades. Con ello caemos en la depresión inercial, casi robótica, que nos mantiene en un olvido de nosotros mismos y de la posibilidad de perseguir nuestros propios anhelos.

Por último, nos referiremos a esa depresión, a esa alienación que no es sino una forma de insatisfacción permanente, una casi continua amenaza de contactar con un vacío del que intentamos huir pero que amenaza con apoderarse de nosotros.

  •  Esa es la depresión de Mustard, que vive enterrada en nuestro seno, con una fuerte latencia, siempre a la espera del momento oportuno para brotar y ocupar nuestro espacio psíquico con su oscura negrura. Es la depresión del vacío, de la oscuridad, de la nube negra que todo lo invade. Pero es también la depresión del que todo lo tiene, del que ya no encuentra donde consumir algo más para evitar contactar con el vacío de la existencia. Es la depresión del rico occidente, de la sociedad que tiene que inventar y reinventar nuevas formas de ocio para calmar, para mitigar una sensación de insatisfacción siempre creciente.
  • Y en Evening Primrose nos enfrentamos a la terrible insatisfacción que surge del sentimiento de inadecuación, de impropiedad, de no haber sido reconocido antes incluso del nacimiento, de un no sentirse merecedor que nos impulsa a una insatisfacción casi existencial, por ser permanente.
  • En Pine la vivencia de insatisfacción es prácticamente continua porque la culpa, una culpa de génesis muchas veces ignota, nos impide una vivencia de paz y de armonía con nosotros mismos.
  • Manzanita, porque nos reconcilia con nuestro propio cuerpo físico, porque nos devuelve una imagen completa de nuestro ser físico, pudiéndolo así amar.
  • En Lady’s Slipper nos encontramos con la insatifacción de la falta de propósito en la vida. En ese caso carecemos de proyecto de futuro, de capacidad de proyectarnos hacia delante pudiendo caminar a lo largo de una senda en la que nos vamos reencontrando, en la que nos vamos reconociendo y reafirmando.
  • Crab Apple supone la terrible vivencia de la impureza, de la suciedad, de una profunda falta de perfección que es sinónimo de insatisfacción y, finalmente, de impotente depresión. En palabras de Patricia Kaminski, los Crab Apple aspiran a recuperar un paraíso perdido, un inexistente Jardín del Edén en el que nunca, y por definición, existieron ni la imperfección, ni la mancha, ni la impureza.
  • Y para finalizar, Agrimony, la siempre liberadora Agrimonia que nos quita las ataduras, que nos saca la mordaza ayudándonos a aventar nuestros sentimientos y nuestros pensamientos más tortuosos y torturantes. Con Agrimony nos abrimos al mundo, construyendo un sano puente entre la fuerte tortura de dentro y la rígida máscara de fuera.

Como vemos, son muchas las esencias con las que poder trabajar distintos procesos de naturaleza depresiva, puesto que las esencias florales, al remitirnos a la naturaleza como fuente de realidad última, trabajan siempre desde la no separación, devolviendo la armonía y capacitándonos para asumir, sin ambages, nuestra naturaleza humana que, como decía el poeta Luis Cernuda, siempre se mueve en esa difícil polaridad existente entre la realidad y el deseo.

Fuente: Artículo de Ricardo Mateos. Web: www.centrogaia-tara.com

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