Gestalt Ceres

Psicología. Gestalt. Terapia floral

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Pamplona. Navarra
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La Terapia Floral Centrada en el Proceso

Artículo publicado en el Boletín de Flobana Nº 1 (2005)

Escrito que sintetiza los diferentes enfoques de Terapia Floral, que tienen distintos objetivos de uso y formación, y que define las bases de lo que puede denominarse “Terapia Floral centrada en el proceso”.

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La Terapia Floral centrada en el proceso

 

 

Los buenos profesores, terapeutas y métodos educan, pero no adoctrinan(Joy Manné)

 Desde que el Dr. Bach constituyera su Sistema Floral en los años treinta del siglo pasado (escritos editados en castellano en Bach 1991, 1993a, 1993b; Barnard, 2004), hemos asistido a una evolución de la Terapia Floral tanto en la aparición de nuevos sistemas o colecciones de esencias florales, como del quehacer o la forma de tratar al paciente o cliente con esta terapia.

1.- Los enfoques o escuelas en el uso de las esencias florales

En este apartado se presenta un intento de sistematizar los distintos enfoques de Terapia Floral, o de tratar terapéuticamente con esencias florales. Quisiera advertir que, si bien realizar una sistematización cumple su función por la síntesis y abstracción que supone, es también una simplificación de la realidad, en este caso de la riqueza en diversidad que puede suponer la terapia floral y el quehacer de los distintos terapeutas florales. No pretendo asociar personas con un determinado enfoque, de manera que en la mayor parte de las veces que cito trabajos de terapeutas florales, lo hago en referencia al contenido de sus escritos e investigaciones publicadas, y no tanto (o en todos los casos) al profesional que lo escribe.

a) El enfoque del Practitioner en Flores de Bach

Enfoque que también podía haberse denominado de “las capas de cebolla”, que trabaja con una idea sencilla aunque muy útil, sobre todo para el que se inicia en la ayuda al otro con esencias florales, de tratar en la persona aquellos asuntos que salen a la superficie, confiando en que aquellos aspectos más profundos o nucleares irán revelándose poco a poco.

La escuela que trabaja y forma con este enfoque es el Instituto de Edward Bach, en su formación que denomina “Practitioner”. Stefan Ball (2000, 2005), del Centro de Edward Bach en Inglaterra, explica así lo que titula “pelar la cebolla”:

 “A lo largo de la vida, suceden cosas que nos pueden causar una profunda impresión. Con el tiempo aparecen problemas emocionales, hasta el punto que la causa original que nos hace sentir de esa forma queda escondida bajo muchas capas.

Puede resultar incómodo o incluso peligroso entrar de lleno en el meollo de la cuestión, sobre todo cuando la persona no está preparada para enfrentarse a asuntos que pueden estar enterrados en el fondo de su mente. Las Flores son un método muy delicado porque se acercan al problema poco a poco, empezando por el aspecto más superficial de éste. Así, cuando se llega al centro de la cuestión, el individuo está preparado para enfrentarse a ello con tranquilidad.

Por esto, las flores deben seleccionarse siempre en función de lo que uno ve. No es necesario un análisis con profundidad. Si sólo tiene en cuenta lo que percibe en un plano superficial, observará que las Flores que escoja funcionarán sin necesidad de mezclarlas con otras que no son necesarias. Y mientras las flores hacen su trabajo, los estados negativos más profundos saldrán por sí solos de una forma clara”.

En esta forma de trabajo el Practitioner tiene un rol de educador en la filosofía del Dr. Bach, así como de “traductor” en esencias florales de lo observado y escuchado del consultante.

La enfermedad física es tratada a partir de las emociones que el paciente siente en relación a la misma. L. Juan Bautista (2005, 2007) en sus dos últimas obras hace especial hincapié en lo que dijo Bach acerca de que “la naturaleza y el nombre de la enfermedad física no tienen en absoluto ninguna importancia (…) es solamente la dificultad mental, lo que debemos considerar”.

La forma más frecuente de enfocar el trabajo con el consultante es un encuadre muy libre, en el que habitualmente, es la persona la que vuelve a llamar un poco antes de que se le acabe el preparado floral; o, cuando sienta que vuelve a requerir una consulta de esencias florales de Bach.

Caben destacar dos puntos “a favor” de este enfoque: la formación rigurosa, unificada y purista (en el sentido positivo del término) en la aplicación de las esencias del Dr. Bach y el abordaje sencillo –y efectivo para todo aquel que se inicia- del rol de ayudar a otros con esencias florales[1].

b) Enfoque holístico de Tratamiento Floral

Un segundo enfoque que denomino holístico, es el que se deriva del trabajo de sintetización de los Patrones Transpersonales del Dr. Ricardo Orozco[2]. En realidad las esencias florales son en sí mismas una terapia holística, pero he utilizado aquí esta denominación porque esta manera de diagnosticar las esencias florales se basa no sólo en los síntomas emociones, de pensamiento y conductuales; sino además, en los síntomas que provienen de cuerpo físico. Este médico español es un máximo exponente de la Terapia Floral a nivel mundial, conocido por lo que él denominó “Patrones Transpersonales” (PT) (Orozco, 1996 y 2003).

Según especifica R. Orozco, la prescripción de las esencias florales ha de realizarse atendiendo a la persona en primer lugar, sus emociones y patrones de pensamiento; y en segundo lugar, atendiendo a la forma de expresión de los síntomas físicos de sus enfermedades. Entiende que los signos de disarmonía de la persona se expresan también en forma de síntomas en el cuerpo físico, ya que cuerpo, mente y emociones constituyen un Todo.

Basta leer algunas de sus magníficas obras u escritos (Orozco, 1996 y 2003; algunos escritos disponibles en su web[3]) para darse cuenta de que el descubrimiento de la asociación de la forma de manifestarse el síntomas físico con determinadas esencias florales de Bach no es un enfoque reduccionista ni alopático, todo lo contrario, está bañado de una gran espiritualidad y cercanía con el creador de la terapia, el Dr. Bach. Del trabajo de Bach utiliza más lo que hizo (casos en los que aplica las esencias florales atendiendo a la forma de los signos físicos, ej. Agrimony para un signo que implique tortura) que lo que dijo, aunque también, en mi opinión, lo que dijo, pero en una interpretación de su obra más amplia, y no por ello alejada de Bach.

Estoy de acuerdo en no asociar determinadas enfermedades con determinadas esencias florales. Edward Bach no dejó ninguna duda al respecto, por lo que no me voy a extender en este punto. Decir que el desequilibrio Cherry Plum puede provocar problemas capilares, alergias, estreñimiento, acné, etc. como he podido leer; es bien distinto a decir que Cherry Plum tiene asociado un patrón genérico (patrón transpersonal fue el nombre dado por su sintetizador, R. Orozco), que se puede observar también como “descontrol”, en cualquiera de sus manifestaciones (y de ahí que posteriormente se pueda asociar a descontroles hormonales, tics, etc). Lo primero es una alopatización del sistema que poco éxito tendrá. Lo segundo es ampliar la perspectiva del ojo observador. Como decía E. Grecco en el VI Congreso de Terapia Floral “va siendo hora de distinguir entre un abordaje sintomático de la enfermedad de un abordaje alopático de la misma”, en el sentido de que la Terapia Floral no trata enfermedades, sino personas que desean sentirse mejor, “personas” con síntomas que es necesario escuchar floralmente, sean estos síntomas mentales, emocionales o físicos[4].

Del desarrollo de los Patrones Transpersonales, me parece especialmente interesante el enfoque de entender el patrón de manifestación de cada esencia floral como el arquetipo de la forma. Todo, en mi opinión, podemos traducirlo al lenguaje floral de Bach, cualquier manifestación, sea de la forma que sea (interesante en este sentido es también el trabajo de las Estructuras de Lluís Jiménez 2003 y 2005). El patrón transpersonal entonces ayuda a ir más allá de la manifestación emocional y poder observar el desequilibrio en otras vías de expresión. Esto es de gran ayuda en la asistencia floral a otros seres vivos (animales y plantas) y a bebés. También, cómo no, en la observación de la manifestación física, en el cuerpo, de los patrones en desequilibrio contenido en cada una de las 38 esencias florales del Dr. Bach.

c) El enfoque Integrativo de Terapia Floral

Enfoque más “psicoterapeutizado” que se basa en la idea de que “no es lo mismo prescribir esencias florales que ser terapeuta floral”, citando a Eduardo Grecco (2005b), o que “si bien las esencias florales son simples, el paciente y el terapeuta floral no los son”, citando a Susana Veilati[5]. Esta línea tiene influencias de diferentes enfoques psicoterapéuticos (procedentes del Psicoanálisis y la Terapia Gestalt, entre otros).

No sé si le hago un flaco favor a esta escuela llamándole enfoque “psicoterapeutizado”, porque dicho así pareciese como si hubiera habido cierta extensión de la psicoterapia hacia la terapia floral. Susana Veilati ha llamado, en mi opinión muy acertadamente, “Terapia Floral Integrativa” a una forma de hacer Terapia Floral que puede encuadrase en este tercer nivel o enfoque (Veilati 2005a y 2005b), que utiliza en un lugar central, de su quehacer terapéutico floral, la “conversación terapéutica floral”, desarrollada a partir del “arte de conversar”, arte del cual se ocupó muy bien la filosofía, y mucho más tarde la psicoterapia. Y tomando de la psicoterapia el esquema de proceso personal previo y supervisión del terapeuta.

En cierta medida el quehacer de un terapeuta siempre es integrador, en el sentido que su trabajo de ayuda va a estar influido o integrado por su propia experiencia personal y su formación en diferentes técnicas o terapias.

Aunque el término integrador o integrativo, en el contexto de la psicoterapia y tradiciones de crecimiento personal, tiene que ver con el hecho de aunar las distintas partes o parcelas de la persona, a menudo disociadas. La persona es un todo constituido de pensamientos (creencias, ideales, etc.), emociones, actitudes conductuales y ¡cómo no! un cuerpo físico. La persona es asimismo un Todo, formado por lo que considera que es (“etiquetas”), por lo que muestra al mundo (“máscara”), por lo que es pero rechaza (su “sombra”), por lo que es pero no sabe (sus potencialidades) y por su parte trascendente (Alma y Yo Superior).

O sea, la persona no sólo es considerada un Todo para el diagnóstico floral, sino que el tratamiento del paciente en consulta conlleva el manejo de una dinámica de la relación terapéutica, cuyo quehacer requiere del aprendizaje de unas técnicas o herramientas, pero sobretodo del conocimiento y entrenamiento de esta dinámica paciente-terapeuta.

Por tanto, queda claro que la formación del Terapeuta Floral con enfoque integrativo requiere además de aprender los conocimientos y adquirir las habilidades propias de los niveles anteriores, el aprendizaje de esta dinámica, lo que lógicamente supone una inversión y esfuerzo cuantitativa y cualitativamente bastante superior, cuyos pilares mencionaré más adelante.

En mi opinión los tres niveles de formación y práctica en terapia floral tienen su lugar, aunque consecuentemente su ámbito de aplicación es bien distinto, tema sobre el que volveré también más adelante.

 2.- Un inciso: lo que el Dr. Bach dijo

Bach hizo y dijo muchas cosas. Sus Escritos (Bach 1991, 1993a, 1993b; Barnard, 2004) son de una profunda espiritualidad, y ningún párrafo tiene desperdicio. Eso sí, dar esencias florales de Bach (u otras), sin conocer en profundidad la filosofía del Dr. Bach, ya no entra dentro de ningún enfoque, es simplemente, y en mi opinión, una alopatización como R. Orozco califica, o una manera superficial de aprender y utilizar esta forma de sanación. Los enfoques anteriormente descritos tienen todos en común el profundo respeto por el trabajo del Dr. Edward Bach.

Volviendo a lo de que Bach “hizo y dijo muchas cosas”, que está relacionado con la idea que deseo expresar a continuación, acerca de que cualquier de los anteriores enfoques o escuelas pueden servirse de diferentes citas del Dr. Bach para legitimar su manera de sanar con las esencias florales de Bach. Lo cual es, asimismo, y sirva la redundancia, legítimo.

A veces he visto y oído la misma cita del Dr. Bach extraída de sus Escritos para servirse de apoyo, o justificar, opiniones en el quehacer del Terapeuta Floral con interpretaciones y en contextos en direcciones “cuasi” opuestas.

Dicho lo anterior me dispongo a hacer lo propio y para ello escojo la siguiente cita del Dr. Bach:

“(…) semejante médico deberá ser un gran estudioso de las leyes que rigen la humanidad y de su propia naturaleza humana, para que pueda reconocer en todos los que acudan a él aquellos elementos que causan un conflicto entre el Alma y la personalidad. Deberá ser capaz de aconsejar al paciente cómo restablecer la armonía necesaria, qué acciones contra la Unidad debe dejar de realizar y las necesarias virtudes que debe desarrollara para borrar sus defectos”. (E. Bach)

Y la selecciono para afirmarme en el convencimiento de que el terapeuta floral no prescribe remedios y, por tanto, si ha de señalar el conflicto profundo que aqueja al paciente (cuya enfermedad es sólo un síntoma o llamada de atención del mismo) deberá conocer en profundidad ese “arte”, ¡nada más y nada menos!.

Es en la formación de la que pueda provenir ese arte o sabiduría en donde comienzan las discrepancias. Unas discrepancias que están en la base tanto de la forma en que se entiende el quehacer del Terapeuta Floral, como la propia formación de las personas que utilizarán el Sistema Floral de Bach (u otros) para sanar.

A este respecto el primer enfoque basado “en las capas de cebolla” predica la formación del Practitioner como la persona que tiene un conocimiento teórico de los remedios y de la obra de su creador, y que a nivel práctico conoce el efecto de las esencias porque las ha utilizado desde la auto-ayuda o auto-diagnóstico. Las esencias florales son fuente de auto-conciencia, cada esencia floral en el asunto propio tratado, y desde esta auto-conciencia es posible el crecimiento personal sin la ayuda de otros profesionales.

Por su parte el tercer enfoque, el integrador, se basa en que, además de lo anterior, y ya que lo que sana y enseña es el proceso personal, el terapeuta ha debido seguir un proceso profundo guiado a su vez por un terapeuta floral o psicoterapeuta, y su actividad ser supervisada asimismo por otro profesional con experiencia. Lo anterior, claro está, basado en la idea de la limitación del auto-diagnóstico. Los Escritos de Susana Veilati (2005a y 2005b) describen muy bien esta manera de entender la formación del terapeuta floral y a ellos me remito.

3.- La Terapia Floral centrada en el proceso

3.1.- La Terapia Floral centrada en el proceso: Introducción

Personalmente siento una gran afinidad con el enfoque que tan bien definiera (Terapia Floral Integrativa, TFI) y constituyera Susana Veilati (aunque haya hecho de abogado del diablo y haya utilizado, no sin intención, el término “enfoque psicoterapeutizado” de terapia floral). Sin embargo voy a utilizar el nombre de “Terapia Floral centrada en el proceso” principalmente por respecto al término que ella creara, y por considerar que es ilustrativo de mi particular forma de entender la Terapia Floral de Bach y consecuentemente su formación.

Flaco favor le haríamos a la gran obra que nos dejara el Dr. Bach si considerásemos que los únicos cualificados para prescribir esencias florales son psicólogos, psicoterapeutas o médicos. Y digo “flaco favor” porque el Dr. Bach puso todo su empeño (y logró) dejarnos sus descubrimientos descritos de manera lo suficientemente sencilla como para que todos pudiéramos ayudarnos con los remedios florales.

“… que sea una guía para que los que sufren busquen dentro de sí mismos el verdadero origen de sus enfermedades, para que puedan auto-ayudarse en su propia curación.”  (Cúrate a ti mismo, E. Bach)

“No dejen que la sencillez de este método les disuada de utilizarlo, pues cuanto más avance en sus investigaciones, más clara se presentará la sencillez de toda la Creación” (Los descubrimientos del Dr. Edward Bach, Nora Weeks).

De hecho, la descripción de los 38 remedios en su último Escrito (Los doce curadores y otros remedios), está hecha con tanta delicadeza, para facilitar el auto-diagnóstico, que en muchas ocasiones el alumno que lee por primera vez algunos remedios en esta obra, fácilmente se pregunta ¿y qué hay de malo en ser o en sucederte esto?. Sirva como ejemplo la descripción de Beech como la persona que tiene necesidad de “ver más bondad y belleza en cuanto le rodea”. ¡Cuán inteligente y conocedor de la naturaleza humana era Bach!, porque ¿cómo si no iba a auto-identificarse una persona en desequilibrio Beech tan convencido de que su única manera de ver, estar y actuar en el mundo es la correcta (y correcta para todos)?.

Y aprovecho que salió a la palestra Beech para pensar de qué manera la “falla ética de Beech” (Veilati, 2005b) puede tener su eco en el tema que aquí estoy tratando. “La” observo y “me” la observo, cuando escucho defender o defiendo una única y mejor forma de usar e interpretar la obra del Dr. Bach y su legado, incluida la forma de prescribir o hacer terapia floral o formar al Práctico o Terapeuta Floral. Porque no sólo Bach hizo y dijo muchas cosas, sino que también Bach fue Bach, en su contexto personal, social e histórico. Como bien describen Grecco (2005a) en su libro “Edward Bach, la luz que nunca se apaga” y Hernández Ríos (2005) en su escrito “Bach Metafísico”, Bach tuvo influencias diversas que integró. Se conoce de Bach por la descripción de Nora Weeks (2007) que, además de ser un médico y científico de renombre, también era un “sensitivo” con una intuición muy desarrollada, con dotes de clarividencia y de sanación a través de la imposición de manos. También de su obra y dedicación se vislumbra su grado de espiritualidad, así como el nivel tan enorme de compasión y amor que desarrolló.

Y decía que “Bach era Bach” porque cuando releo esta cita de Bach:

 “Cada uno de nosotros es un sanador, porque cada uno experimenta en su corazón amor por alguna cosa: por nuestros semejantes, por los animales, la naturaleza o la belleza en alguna de sus manifestaciones. Y cualquiera de nosotros quiere conservar ese amor y contribuir a que sea cada vez mayor. Cada uno de nosotros también siente compasión por aquellos que sufren. Esta compasión es totalmente natural porque todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos padecido. Por este motivo, no sólo nos podemos sanar a nosotros mismos, sino que también tenemos el privilegio de encontrarnos en situación de ayudar a sanar a nuestros semejantes, siendo los únicos requisitos para todo esto el amor y la compasión” (Libérate a ti mismo, E. Bach).

que con frecuencia uso para animar el poder sanador que ciertamente creo que todos tenemos, también recuerdo la cita de Osho:

“Cuando la conciencia florece, cuando la flor de la conciencia está ahí, ahí está la fragancia del amor: es inevitable”

que sirve para recordarme que si todos somos “Amor”, que si la esencia de la vida es el “Amor”, pareciera que el aprendizaje de la vida (de cada “día de colegio”), no tuviera otra finalidad que reconectarnos con ese nosotros mismo trascendente (Yo Superior, Alma), con nuestra esencia, cuyo elemento básico es el Amor.

Ya que el Amor, con mayúsculas, no es algo tan inmediato o accesible para muchos de nosotros, sanarnos es estar cada vez más en contacto con ese “Amor” que somos. Cito a continuación diferentes extractos de “La voz de los ángeles sanadores” canalizados por Marie Lise Labonté (1998):

 Es muy fácil reconocer el juego de la personalidad, porque propicia tanto el desamor como la supervalorizaión (…). No sois el salvador del mundo, ni el más miserable de los seres. Sois sólo vuestra esencia, y esa esencia es amor“.

 La enfermedad es una bendición. Y no es casualidad que uno se ponga enfermo. La enfermedad revela una relación de desamor con vosotros mismos. (…) El verdadero instrumento de sanación es el propio camino. (…) La acción de sanar supone que os aceptáis como sois. (…) La energía que puede trascenderlo todo es el amor“.

 “La enfermedad es una gran lección. Muchas almas la han elegido para sanarse a sí mismas…, para transformar su aflicción en amor“.

 Os sugerimos que reconozcáis vuestro potencial de sanación a través del amor hacia vosotros mismos. ¿Cómo vais a amar verdaderamente a los demás si os odiáis a vosotros mismos? Sólo podéis dar amor si vosotros mismos os amáis, ya lo sabéis“.

 Abandonaos al amor, dejaos de autodestruiros. Cada energía atrae hacia sí una energía del mismo tipo, de modo que el amor atrae el amor y el odio atrae el odio“.

 Lo que os decimos es que dejéis de juzgaros a vosotros mismos. Tened la humildad de admitir el odio que sentís en vuestro interior, atreveos a admitirlo. Cuando reconozcáis el odio que tenéis hacia los demás, sabréis que también lo tenéis hacia vosotros mismos“.

 Es muy importante que comprendáis que existe luz en medio de la oscuridad. (…) Gracias a esa luz se puede trascender la oscuridad .(…) La oscuridad es todo aquello que no tiene vibraciones elevadas. La oscuridad es todo aquello que no es amor“.

 La oscuridad existe en todas partes. Si vuestro ego espiritual os dice que vosotros no habéis rozado nunca siquiera la oscuridad, que nunca habéis pasado junto a ella, sonreídle por favor“.

 (Labonté, 1998)

Después de tan bellas palabras no sé si el lector se perdió, así que recapitulemos. Estaba en que todos somos, en esencia, Amor y Compasión; para Bach lo único necesario (¿o principal o imprescindible?) para el sanador. Y estaba en que llegar a ese Amor requiere conciencia, y una forma tal vez ineludible de adquirir esa conciencia sea contactar con nuestras partes oscuras, nuestra “sombra” (C. Jung), aquello que también somos pero que no sabemos, que esconde partes de nosotros que no nos gustan aunque también auténticas potencialidades.

¿A dónde quiero llegar a parar con este discurso deductivo? A la conclusión de que el Sistema Floral de Bach es simple, que puede ser utilizado para la auto-ayuda y ayuda al otro; pero que también “ayudar al otro” y “ayudarse a uno mismo” es un trabajo, un proceso, un aprendizaje más o menos largo, arduo y complejo. También gratificante y glorioso, del otro lado, claro. Un camino que puede realizarse “en la escuela de los golpes duros de la vida”, o con diferentes terapias de ayuda. No hay un camino, terapia o herramientas mejores que otras, cada uno encuentra las que necesita en su momento del camino.

Entonces, si encontraste la Terapia Floral, y más aún, si decidiste dar el paso de formarte como terapeuta floral, las esencias florales son los dones de la Naturaleza (con mayúsculas) que constituyen los remedios centrales de esta terapia. Del otro lado, y asumiendo las limitaciones del auto-diagnóstico, están la relación “terapeuta floral (su presencia, su recorrido, sus herramientas) – paciente floral (su proceso, sus recursos, sus objetivos)”, y el espacio-tiempo de la consulta (lugar de contención y otras cosas).

3.2.- Pilares de la Terapia Floral centrada en el proceso

La Terapia Floral “centrada en el proceso”, tal y como la entiendo:

  1. Tiene orientación integrativa.
  2. Se basa en la habilidad de observar y acompañar procesos.
  3. Dota al terapeuta floral de un conjunto de herramientas que son recursos para hacer consciente y poblar de palabras los síntomas de los procesos.
  4. Pone énfasis en la importancia del vínculo terapéutico y del conocimiento y manejo de la dinámica de la entrevista terapeuta floral/entrevistado floral.
  5. Implica un nivel de formación del terapeuta floral notablemente superior a otros niveles de uso de las esencias florales, que tiene como base el propio proceso personal del terapeuta y la supervisión.
  6. Procura un marco en el que desarrollar reglas básicas éticas terapeuta-cliente, algunas de las cuales que pueden plasmarse en un código deontológico.
  7. Constituye un nivel de uso de las esencias florales que posibilita hacer de la terapia floral una Terapia del Alma.
  8. También trata de dotar a la Terapia Floral de un cuerpo teórico-práctico-formativo que permita ir haciendo de esta terapia una profesión.

Veamos algo más desarrollado estos pilares o características, que serán tratados en otro momento y lugar con más detalle:

3.2.1. Tiene orientación integrativa

Tiene orientación integrativa, en el sentido de que considera que un proceso de Terapia Floral está basado en el uso de las esencias florales, que actúan principalmente como catalizadores o facilitadores del proceso personal, sanando y dándonos luz sobre los asuntos que necesitamos integrar. Integrar, en este contexto, es reconocer el residuo de experiencias dolorosas que quedan en nuestro cuerpo y mente, trabajarlas y curarnos de sus efectos destructivos. La integración requiere tiempo. Es, eso, un proceso.

Experiencias no integradas son las aventuras mentales superficiales y las pretensiones intelectuales: cosas de las que podemos hablar ad infinitum pero que no dan fruto en la vida cotidiana; solo son palabras aprendidas sobre nosotros mismos. (…)  Lamentarnos, llorar y sentirnos vulnerables son partes esenciales e inevitables de nuestro proceso de integración. A medida que aceptamos nuestro sufrimiento y lo integramos, lamentamos todo lo que deseábamos y no llegamos a recibir, y también lo recibido que no tenía un lugar adecuado en nuestra vida. Este periodo de lamento continúa hasta que dejamos de escapar de nuestro sufrimiento, hasta que lo afrontamos, respetamos y aceptamos plenamente” (Manné, 2000).

3.2.2. Se basa en la habilidad de observar y acompañar procesos

Se basa en la habilidad de observar y acompañar procesos, cuyas señales se pueden encontrar en síntomas físicos, en reacciones emocionales, en las creencias e ideales, en los tipos de vinculo que creamos y en las reacciones que tenemos con los demás, en los sueños, en las fantasías, en las sincronicidades, etc. Ello sin programa a seguir, más allá de la capacidad desarrollada de darse cuenta del terapeuta. Sin suponer ni interpretar, pero sabiendo escuchar esas señales para trasladarlas al lenguaje floral.

 3.2.3.Dota al terapeuta floral de un conjunto de herramientas que son recursos para hacer consciente y poblar de palabras los síntomas de los procesos.

Sin programa a seguir, pero con la ayuda de algunas herramientas o técnicas que pueden, integrándolas en su quehacer terapéutico floral, ser los instrumentos de los que se sirva, en ocasiones, para hacer aflorar más conscientemente los síntomas del proceso en curso. Técnicas de conversación y otras (de visualización, dibujos, técnicas de dramatización, etc.), muy útiles, aunque necesariamente en un segundo plano, dando a la presencia y escucha en el momento presente el mayor espacio. No hay una planificación de técnicas previas a la consulta, pero sí el conocimiento y el desarrollo de unos instrumentos en “el armario de los recursos del terapeuta”.

Diría que dos “maneras de estar” o de ejercer esta presencia, muy importantes son la escucha intuitiva y la propia escucha:

La escucha intuitiva es una mirada desde dentro con el “ojo interno”, otra fuente de Sabiduría con mayúsculas, que todos tenemos pero que para poder contactar con ella en la sesión terapéutica, se hace imprescindible renunciar a dominar lo real, lo que está ocurriendo en el presente… dejarnos estar en silencio… domesticar la ansiedad de que las sesiones tengan una finalidad, tengan una conclusión determinada, tengan una etiqueta rígida[6].

Por propia escucha, quiero decir la necesidad de “escuchar al paciente, pero escuchándonos”. Nuestra propia emoción nos da una información valiosísima de lo que está sucediendo en ese seguimiento del proceso del paciente. Si no la escuchamos, entonces actuaremos la emoción desde la inconsciencia, y probablemente el paciente se irá con alguna que otra esencia floral que no necesita, sino que el que la necesita es el terapeuta. Amén de otras que no veremos (y por tanto no daremos la flor asociada a su lectura) porque son asuntos nuestros aún sin resolver o emociones no reconocidas.

3.2. 4. Pone énfasis en la importancia del vínculo terapéutico y del conocimiento y manejo de la dinámica de la entrevista terapeuta floral/entrevistado floral.

La Terapia es un acto de amor o debería serlo. (…) Si el terapeuta no sabe despertar en la persona que lo consulta la esperanza en un cambio en su padecer, si no logra hacer nacer un vínculo amoroso de trabajo entre los dos, queda cortada, desde el inicio, toda posibilidad de curación” (Grecco, 2006).

¿Cómo podemos aprender amar?, me preguntó alguien. Ser amoroso no puede enseñarse como un deporte o una lengua extranjera. Desarrollamos la capacidad de amar apartando los obstáculos que nos impiden hacerlo y siguiendo nuestra búsqueda del alma. Cuando trabajamos en nuestro proceso de desarrollo, vamos más allá de las energías oscuras y pesadas, de nuestros dolores personales y de los sufrimientos que nos impiden amar. Vamos más allá del miedo, de la ira y de otros sentimientos que nos separan de los demás seres humanos. Gradualmente vamos desarrollando un compromiso incondicional. Somos capaces de sentir compasión por toda la humanidad y sus problemas. Descubrimos el amor incondicional cuando somos verdaderamente capaces de actuar así, no antes” (Manné , 2000).

El amor, imprescindible; del otro lado, la profesionalidad, que requiere del conocimiento y manejo de conceptos esenciales tales como los de proyección, transferencia, contratrasferencia y resistencia. Conceptos que no son exclusivos de la psicoterapia, sino de cualquier relación terapéutica, lógicamente la floral también.

 3.2.5. Implica un nivel de formación del terapeuta floral notablemente superior a otros niveles de uso de las esencias florales, que tiene como base el propio proceso personal del terapeuta y la supervisión.

La Terapia Floral centrada en el proceso requiere de una formación específica del Terapeuta Floral, como ya se ha comentado. Además necesita haber seguido un proceso personal, habiendo sido paciente, habiendo estado del otro lado. Necesita estar inmerso en su propio proceso de sanación. Ello porque es una Terapia del Alma.

 “En la Terapia del Alma, ser ético es estar psicológicamente sano. (…) Algunas personas nacen con las cualidades necesarias para realizar la búsqueda del Alma. La mayoría necesitamos terapia y disciplinas espirituales que nos ayuden a desarrollar y practicar estas cualidades” (Manné, 2000).

“…se hace significativo el trabajo que el terapeuta haya hecho sobre sí mismo para resolver sus conflictos e impedimentos y desplegar sus capacidades, habilidades y talentos personales como sanador” (Grecco, 2006).

 “Los terapeutas necesitan ser primero pacientes. Deben, en el sentido ético del deber, saber lo que les va a ocurrir a sus pacientes, de otra forma ninguno confiará en ellos. No habrá posibilidad de confianza porque uno no puede hacer creer a los demás lo que uno no cree” (Borja, 2004).

¿Cómo vamos a adquirir la habilidad de seguir procesos si no hemos seguido nuestro propio proceso?. Encuentro personalmente como uno de los retos principales en la formación del terapeuta floral el transmitir al estudiante esta idea. Porque no hay atajos.

Aquellos terapeutas florales que consideran que ellos pueden aprender por sí mismos, que ellos están sanos o pueden con sus propios recursos crecer y sanarse, que son los demás lo que tienen que cambiar, que…, ponen de manifiesto –a mi modo de ver- con esta actitud el reflejo de un asunto a sanar.

Se requiere mucha humildad para ser terapeuta. Digo mucha humildad y no falsa modestia. No “estamos dando unas simples florecillas del campo”, esto es falsa modestia. Tenemos una responsabilidad de formación y congruencia (entendida como practicar con el ejemplo) ante nuestros pacientes y alumnos.

Considero la ausencia de proceso personal como una falta de ética (entiéndase para este nivel de uso de las esencias florales) y también el proceso como un requisito necesario en la formación del terapeuta floral. Un punto de debate, sin duda.

Además del proceso personal, de haber estado y estar en el otro lado sanándonos, la supervisión es el siguiente eslabón que completa al formación del terapeuta floral. La supervisión es un espacio en el que llevar nuestras dudas e inquietudes y tener un asesoramiento de un terapeuta con más experiencia, un ojo experto externo; pero sobretodo, es un lugar en el que situar nuestro rol de terapeuta en un rol sanador, otra manera de continuar nuestro propio proceso.

Hay aspectos de la dinámica “terapeuta floral – paciente floral” que no podemos aprenderlos “teóricamente”, principalmente porque soy de la creencia de que los que vienen a nuestra consulta, vienen a sanar sus asuntos, pero nos traen a nosotros terapeutas asuntos a sanar.

¿Nos sanamos o sanamos cuando estamos en el rol de terapeuta floral? Estar en la actitud de lo primero, lo deseable, a mi modo de ver. Lo segundo (sanar al paciente) sólo puede hacerlo el paciente. Considero que para que la relación terapéutica (no el terapeuta) sea sanadora, el terapeuta ha debido elegir este rol o profesión como parte de su propio proceso de sanación (consciente o no).

 3.2.6.Procura un marco en el que desarrollar reglas básicas éticas terapeuta-cliente, que pueden plasmarse en un código deontológico.

¿Cómo podemos desarrollar este vínculo terapéutico sin manipulación, abuso o adoctrinamiento o …? La ética, después de la formación y proceso personal y supervisión del terapeuta, es otro de los pilares de cualquier quehacer profesional, y desde luego, de las terapias del alma. Y no me refiero exclusivamente (aunque también) al desarrollo y aplicación de un código deontológico para la Terapia Floral, muy importante sí (sirva de ejemplo el código ético de Seflor, que puede verse en su web). Estoy pensando más en la importancia al respecto de límites claros y marcados en la relación terapéutica. Justa-relación, le llama Manné (2000) o reglas básicas del cliente-terapeuta, relacionadas con el modo de afrontar asuntos tan importantes como el sexo, el dinero y la amistad dentro de la relación terapéutica[7].

Veilati ha desarrollado, por su parte, la traducción de lo ético a lo floral en clave del Sistema Bach, en su bonito trabajo sobre las fallas éticas, anteriormente mencionado.

 3.2.7. Constituye un nivel de uso de las esencias florales que posibilita hacer de la terapia floral una Terapia del Alma.

La Terapia floral centrada en el proceso constituye el nivel de uso de las esencias florales que posibilita hacer de la Terapia Floral una Terapia del Alma. La Terapia Floral es una Terapia del Alma. La obra escrita del Dr. Edward Bach no deja ninguna duda en este sentido.

Desde que existe el ser humano, el ego ha buscado el Alma, y a esta búsqueda del Alma se le han dado todo tipo de nombres. Actualmente, entre otras muchas expresiones, se la ha llamado desarrollo personal o espiritual, crecimiento personal, psicoterapia humanista o transpersonal, etc. Como dice Grecco (2006), y toda la obra del Dr. Bach pone de manifiesto, “las esencias florales son significantes, patrones de información que llevan su mensaje a la conciencia de la persona y le ayudan a reencontrar su verdadero ser”.

 “¿Por qué debería uno seguir el camino del Alma? Porque todo lo que sea menos que esto –cualquier cosa que no sea consagrar la propia vida al nivel del alma- es peligroso. No realizar la búsqueda del alma es peligroso: peligroso para nuestra salud, peligroso para nuestras relaciones, peligroso para el logro de nuestra tarea existencial y peligroso para realizar una transición pacífica en el momento de la muerte. A menos que nos comprometamos con la búsqueda de nuestra alma, somos peligrosos para nosotros mismos, somos peligrosos para los además y somos peligrosos para el planeta” (Manné, 2000).

 4.- Niveles de uso (y formación) de las esencias florales

Entiendo que podemos ayudarnos y ayudar a los demás con esencias florales en varias dimensiones que pueden coexistir, cuyas necesidades o exigencias de formación son también distintas:

1) En un nivel básico “doméstico”, las esencias florales pueden ser utilizados -con una adecuada formación- para la auto-ayuda y ayuda en el entorno cercano por todos, como así deseara el Dr. Bach. Ejemplo de ello son una madre que da Rock Rose a su hijo que sufre por quedarse paralizado y en blanco en sus exámenes; o una mujer que ayuda a su marido que está apunto de rechazar la invitación para dar una charla sobre el tema, del que es experto, por un sentimiento de miedo e incapacidad (Mimulus-Larch).

2) También con un adecuado adiestramiento, podemos extender la ayuda del entorno cercano a un contexto profesional, ayudando a otros (clientes o consultantes) en sus padeceres o situaciones “agudas” o “puntuales”. Pongamos por ejemplo que una señora nos consulta y nos pide ayuda para la selección de esencias florales adecuadas para su nueva situación que define con “me está costando mucho adaptarme a los cambios de mi embarazo, me siento fea, y muy sensible, necesitaría a mi pareja todo el tiempo a mi lado, y me siento abandonada en este momento tan importante para mi, aunque él se comporte como siempre” (por ejemplo, con Walnut, Crab Apple y Chicory). Un Practitioner, médico naturista, un masajista prenatal, por ejemplo, en estos dos últimos casos, formados en el Sistema Bach, podría haber aconsejado a su paciente una combinación, que sin duda ayudará a sentirse mejor a esta persona. Tal vez unos pocos preparados puedan ser suficientes.

3) Una tercera vía es el uso de la Terapia Floral para el seguimiento de procesos. Suscribiendo lo anterior, entiendo que la mayor fuerza de la terapia floral radica en que los remedios florales son facilitadores del crecimiento personal. En palabras de R. Orozco “lo que sana es el proceso” y de E. Grecco “la esencias como psicoterapia líquida”. Poder ayudar a otros en un contexto profesional con el uso de las esencias florales requiere de una formación, auto-conocimiento y entrenamiento específicos, mucho mayor que en el caso anterior. Enfoque con el que trabajan S. Veilati (Terapia Floral Integrativa), E. Grecco, entre otros, y que aquí denomino “Terapia Floral centrada en el proceso”.

Otras maneras que encontré en la literatura floral de expresar esta idea de niveles, es la de Susana Veilati[8] cuando se refiere a los tres aspectos de la gestión terapéutica floral que se estudian en su formación:

  • El alivio de los padecimientos emocionales y mentales de superficie.
  • La reconducción de las estructuras profundas que los sustentan.
  • La prevención y tratamiento de los afectos constituyentes de los síntomas orgánicos.

También en Veilati (2005b) cuando, al definir la Terapia Floral Integrativa, describe diferentes corrientes florales clínicas históricas, a saber:

  • La terapia floral de Bach.
  • La terapia floral derivada de la medicina.
  • La terapia floral derivada de la psicología y la psiquiatría

A las que agrega otras dos perspectivas que la TFI suma a su quehacer clínico:

  • La terapia floral derivada de la consideración social y medioambiental.
  • La terapia floral transpersonal.

Por su parte, Ricardo Orozco (2007), en el escrito presente en este Boletín, cuando menciona los campos de actuación de las flores de Bach, distinguiendo entre: elemental primario, medio y profesional.

Por último Grecco (2006) marca una diferencia clara entre dos enfoques de Terapia Floral:

“La diversidad de enfoques puede reducirse a dos abordajes generales: uno, aquella metodología que apunta a levantar progresivamente las capas emocionales del paciente; y otro, la lectura de las emociones sofocadas e inconscientes. Sobre el primer camino, denominado el método de las capas de cebolla, no vamos a decir casi nada, ya que se ha dicho mucho en la clínica floral, desde Nora Weeks en adelante, y se puede volver a las críticas y comentarios que se han aportado, al respecto, en diferentes oportunidades. La segunda vía, en cambio, merece una consideración especial ya que no deja de ser un terrero casi virgen”.

 5.- Hacia la profesión de Terapeuta floral: una reflexión

Antes de finalizar quisiera traer y plasmar una última e importante idea. Haciendo uso de mi pragmatismo, voy a detenerme a repensar qué significa esto de ser Terapeuta Floral, entendido como profesión. Habría un requisito imprescindible, a mi modo de ver, para que pudiéramos llamarlo profesión, y es el que pudiéramos vivir de ella. Que pudiéramos vivir de ser Terapeuta Floral más allá de las actividades relacionadas como profesionales (cursos de formación, publicaciones, etc.).

Hace poco, en el contexto de una conversación acerca de una futura Regulación de Terapeuta Floral, le pregunté a un reconocido y sabio investigador y formador en el Sistema Floral de Bach cuántas personas conocía en España que vivieran exclusivamente de las consultas con Flores de Bach. Siento decir que su respuesta vino a confirmar lo que sospechaba… muy pocas (que él conociera). Esto es, hay personas que viven sólo de su actividad profesional en relación a las esencias florales (no sé si muchas), pero me estaba refiriendo únicamente a la actividad de la consulta con uso exclusivo de esencias florales (no están aquí incluidos p.ej. psicoterapeutas que utilizan las flores de Bach en su consulta, o terapeutas florales dedicados también a la formación y difusión escrita de la terapia).

Sean muy pocos o algunos, da igual… llegados a este punto del debate siento necesidad de ser honesta conmigo y con las personas con las que me siento responsable por estar formándose en el Programa de formación de Terapia Floral que organizo y co-imparto. Agradezco aquí la energía positiva de Gentian que me alienta en estos momentos de duda. Y la de Vervain que me dice de las entrañas que sí, que si las esencias florales son una terapéutica diferente y gloriosa, también será posible construir una profesión diferente basadas en ellas.

Pareciera que si bien el uso de las esencias florales se ha visto sobradamente enriquecida y legitimada en estos más de 70 años (desde que Bach nos dejara su legado), estamos -a mi manera de ver- en la fase de “pañales” de construir la profesión de Terapeuta Floral. Y aquí se hace imprescindible rememorar los esfuerzos que las Asociaciones Seflor (www.seflor.org) y Sedibac (www.sedibac.org) están haciendo en el reconocimiento legal de la figura del Terapeuta Floral; así como la labor de tantos profesionales que, desde Bach, están dedicando parte de su vida a contribuir, desde su óptica personal -cómo no-, a la construcción de esta terapéutica.

Por citar algunos, y sabiendo que me dejaré fuera a la mayoría, me viene a la memoria la obra de la Fundación de Edward Bach en Inglaterra, que con un esquema de formación organizado y buen profesorado ha trabajo en la transmisión del legado de Bach de manera sencilla y rigurosa; la escuela alemana en su búsqueda de métodos científicos de comprobación (que conocemos a través de las obras de M. Scheffer, 1992 y 1994); la escuela cubana que de tanto trabajos con protocolo científico nos está nutriendo (publicados en la web de Sedibac); la escuela iberoamericana que son un ejemplo integrador de las esencias con la psicoterapia (Eduardo Grecco, Claudia Stern, entre otros); y en España a Ricardo Orozco por su trabajo sintetizador de los Patrones Transpersonales (en general por la profundidad y gran capacidad didáctica de sus trabajos, como el del diagnóstico diferencial); a Lluís Juan Bautista, por sus investigaciones impresionantes del Sistema Bach, y por estar siempre ahí para recordarnos la bondad de volver a las raíces, a Bach; y por último, y sabiendo que sólo están unos pocos, a Susana Veilati, que tuvo el coraje de darle forma y construir la Terapia Floral Integrativa, que es para mi fuente de inspiración.

Una última idea para la reflexión: ¿cómo podemos hacer formaciones de calidad que –al margen del ritmo de la regulación de la Terapia Floral- puedan legitimar ante la sociedad, los usuarios, la Terapia Floral? ¿No será que las leyes van detrás de la legitimación o demanda social? ¿Qué papel pueden jugar las asociaciones “por” y “mientras tanto”?.

Referencias bibliográficas:

Ball, S. 2002. Taller de las flores de Bach. Oceano Ambar, Barcelona.

Ball, S. 2005. Tratamiento con las Flores de Bach. Amat, Barcelona.

Bach, E. 1991. La Curación por las Flores (Cúrese Ud. Mismo; Los Doce Remedios; Catálogo de Remedios de Wheeler) Edaf. Madrid.

Bach, E. 1993a. Bach por Bach: Obras completas. Ediciones Continente, Buenos Aires.

Bach, E. 1993b. Los Remedios Florales: Escritos y Conferencias. Edaf. Madrid.

Barnard, J. 2004. Las obras completas del Dr. Edward Bach. Oceano Ambar.

Borja, G. 2004. La locura lo locura. Un manifiesto terapéutico. Ed. Cuatrovientos, Chile. Texto original de 1995 y editado en España por la Ed. La Llave.

Grecco, E. H. 2004. El Legado del Dr. Edward Bach. Ediciones Continente, Buenos Aires.

Grecco, E. H. 2005a. Edward Bach: La luz que nunca se apaga. Ediciones Continente, Buenos Aires.

Grecco, E. H. 2005b. Sombra, polaridad y esencias florales. Boletín de Seflor Nº 14, pág 6-9. Disponible también en www.flobana.org.

Grecco, E. H. 2006. Hecho y proceso diagnóstico en Terapia Floral. Ed. Indigo, Barcelona.

Hernádez Rios, L. A. 2005. Bach Metafísico. Disponible en www.desarrollo-integral.org/bach-metafisico.pdf (última lectura de 2007).

Jiménez, L. 2003. Humanidad y flores de Bach. Editorial Indigo, Barcelona.

Jiménez, L. 2005. Tipologías y flores de Bach: Teoría de las Estructuras. Editorial Indigo, Barcelona.

Juan Bautista, L. 2005. Bach Esencial: De las enfermedades primarias al objetivo de la vida. Indigo, Barcelona.

Juan Bautista, L. 2007. Las dos series de flores, sus correspondencias y otras investigaciones. Indigo, Barcelona.

Labonté, M. L. 1998. La voz de los ángeles sanadores. Editorial Luciérnaga, Barcelona.

Manné, J. 2000. Terapia del Alma. Ediciones Neo Person, Madrid. Edición original de 1997.

Orozco, R. 1996. Flores de Bach: Manual para Terapeutas Avanzados. Indigo. Barcelona.

Orozco, R. 2003. Flores de Bach: Manual de Aplicaciones Locales. Indigo, Barcelona.

Orozco, R. 2007. Las flores de Bach hoy: una terapia en auge. Revista Natural, edición Otoño 2007, pág. 120-125. También publicado en el Boletín Nº1 de FLOBANA www.flobana.org.

Osho. 2004. Emociones. Edaf (9ª edición).

Scheffer, M. 1992. Experiencias con la Terapia Floral de Bach. Urano, Barcelona.

Scheffer, M. 1994. Terapia Original de las Flores de Bach. Piados, Barcelona.

Veilati, S. 2000. Tratado Completo de Terapia Floral. Edaf, Madrid.

Veilati, S. 2005a. Encuadre de la consulta floral integrativa: Espacio, tiempo y honorarios en el ejercicio terapéutico floral privado. Boletín de Seflor Nº 13. Madrid, 2005.

Veilati, S. 2005b. El amor a la clínica: la perspectiva ética en la consulta de Terapia Floral Integrativa. Ponencia presentada al IV Congreso Nacional de Terapia Floral, Madrid.

Weeks, N. 2007. Los Descubrimientos del Dr. Edward Bach: las flores y su poder curativo. Editorial Indigo, Barcelona.

Notas:

[1] Los puntos “débiles” pueden derivarse, del reverso de la moneda de los puntos “fuertes”: por perderse parte de la riqueza que aportaciones posteriores han surgido en estas décadas de experiencia con las Flores de Bach; y las limitaciones de la formación del Practitioner en cuanto a aportación de herramientas, estudio de la dinámica entrevistado-entrevistador, desarrollo de habilidades para la consulta y el seguimiento del propio proceso personal del que ayuda con esencias, estando estos aspectos muy limitados o ausentes.

[2] Vengo aquí a recordar que no pretendo decir que el Terapeuta R. Orozco trabaje exclusivamente con este enfoque, sino que su trabajo de Patrones Transpersonales inspira esta sistematización personal de enfoques de terapia floral.

[3] www.ricardoorozco.com

[4] Existen otros abordaje de la enfermedad, en su estilo holístico, dentro de la diversidad de quehaceres del terapeuta floral, que he venido observado. De una parte, el trabajo del Dr. Eduardo Grecco, que hace una espectacular integración entre la Medicina Cabalística, la interpretación de estilo psicoanalítico del síntoma como manifestación de un trauma y las esencias florales. Siendo éste similar aunque no siempre coincidente al enfoque de Dalhke (co-autor de “La enfermedad como camino” ed. Debolsillo, autor de la “enfermedad como símbolo” ed. Robin Book, etc.). Y por otra parte, otros enfoques que puedes ser aplicados como herramientas del Terapeuta Floral con el adecuado entrenamiento (“Diálogos con el cuerpo”, “Dramatización o constelación del Síntoma o del órgano”, provenientes del la Gestalt o del Psicodrama, entre otros). Una temática sin duda apasionante.

[5] www.susanaveilati.com

[6] Apuntes de Gestalt. Instituto de Psicoterapia Integrativa Ananda. Pamplona. www.institutoananda.com

[7] En resumen, y traducidas a mi modo personal de verlo:

  1. La relación sexual es siempre un abuso si está inmersa en la relación terapéutica.
  2. Las relaciones económicas deben ser claras y no abusivas para ninguna de las dos partes. El paciente tiene tanto derecho a pagar un precio sensato y no abusivo; como el terapeuta a cobrar por su trabajo, formación, experiencia y desgaste energético. Lo mínimo, lo suficiente como para poder vivir de ello.
  3. En terapia los cuidados y atenciones deben ir en una dirección, lo que diferencia la relación terapéutica de una relación de amistad (“el terapeuta no es un colega”).

[8] www.susanaveilati.com

Referencia de este trabajo:

Almansa, C. 2005. La Terapia Floral Centrada en el Proceso. Boletín de Flobana Nº 1. Accesible on line en www.flobana.org


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