Gestalt Ceres

Psicología. Gestalt. Terapia floral

C/ Paulino Caballero 39, 3º
Pamplona. Navarra
T. 619229486

Recursos del Terapeuta Floral en Consulta

Ponencia presentada en el  II Congreso de Terapia Floral de Sedibac, mayo 2009, Barcelona.

Resumen: La versatilidad de las esencias florales del Sistema Bach hace que puedan utilizarse en variados contextos que requieren diferentes niveles de formación. Cuando las flores de Bach son la principal herramienta de la que se sirve un terapeuta en su consulta, constituye un nivel de uso que puede denominarse Terapia Floral. En este caso, además de un conocimiento teórico-práctico de la materia floral, el entrenamiento de determinadas habilidades y actitudes de la Entrevista Floral cobra especial relieve. Es frecuente que el Terapeuta Floral que se inicia se encuentre, tras las primeras pocas entrevistas, “sin recursos” para continuar con la dinámica de lo que en Consulta empieza a suceder. Las esencias florales en su sabiduría de actuación “afloran” emociones y otros signos del proceso, que pueden tratarse con una nueva fórmula floral; y también “sostenerse”, ya que la consulta floral se convierte en un espacio de contención.

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El presente trabajo muestra una selección de recursos y habilidades del Práctico o Terapeuta Floral encaminados a una atención del proceso personal con esencias florales de sus pacientes florales, a modo de sistematización de técnicas y “vías de trabajo”, que no se aprenden obviamente desde la teoría, si bien pueden suponer un marco de referencia de pautas del hacer y no-hacer en el acompañamiento floral. Dichas capacidades pueden comenzar a desarrollarse en la formación del Terapeuta Floral, en actividades de carácter vivencial. Esta selección va a acompañada de una reflexión del papel que pueden ocupar y de pautas para su desarrollo. Está asimismo amenizada con ejemplos de la dinámica que se genera en la Entrevista Floral vinculada a determinadas tipologías florales de Bach, señalando algunas dificultades “florales” del Terapeuta Floral en formación.

Nota (2014): Como  “Sistematización de los Recursos del Terapeuta Floral en consulta”,  el presente trabajo ha sido -en su estilo- uno de los primeros en ser publicados en castellano.

Recursos del Terapeuta floral en Consulta

1. INTRODUCCIÓN

La versatilidad de las esencias florales del Sistema Bach hace que puedan utilizarse en variados contextos que requieren diferentes niveles de formación. Cuando las flores de Bach son la principal herramienta de la que se sirve un terapeuta en su consulta, constituye un nivel de uso que puede denominarse Terapia Floral. En este caso, además de un conocimiento teórico-práctico de la materia floral, el entrenamiento de determinadas habilidades y actitudes de la Entrevista Floral cobra especial relieve. Es frecuente que el Terapeuta Floral que se inicia se encuentre, tras las primeras pocas entrevistas, “sin recursos” para continuar con la dinámica de lo que en Consulta empieza a suceder. Las esencias florales en su sabiduría de actuación “afloran” emociones que pueden tratarse con una nueva fórmula floral y también “sostener”, ya que la consulta floral se convierte en un espacio de contención.

La Terapia Floral no es considerada una Medicina ni una Psicoterapia. Sin embargo, se prescriben unos remedios y el mundo emocional del cliente/paciente es central en el diagnóstico floral. No perder de vista lo anterior es importante para una profesionalización de la Terapia Floral: el Terapeuta Floral requiere de una formación propia y sólida, que ha de desarrollarse con unos límites adecuados atentos a no invadir el quehacer de otros profesionales. Si bien, desde la obra de Bach, puede considerarse que la terapia floral está en auge, la atención a esta formación más profesionalizada relacionada con la Entrevista Floral y su dinámica es un tema relativamente reciente, que afortunadamente está captado cada vez más interés.

Como puede observarse el título de esta ponencia “Recursos del Terapeuta Floral en Consulta” es bastante genérico, y ya se intuye la envergadura que en sí mismo tiene su abordaje. Sin embargo, la motivación que origina este trabajo procede del tantas veces escuchado con unas u otras palabras: “ME FALTAN RECURSOS EN LA TERAPIA FLORAL”: ¿A qué tipo de recursos nos referimos? ¿Recursos para qué, si ya están las esencias florales? ¿Qué se necesita para ir adquiriéndolos?, son preguntas a las que se tratarán de dar algunas respuestas. Son preguntas que continuamente me planteo y re-evalúo en la formación de Terapeutas Florales que coordino. Son preguntas que me interesan, porque me interesa trabajar en una vía de profesionalización de la Terapia Floral.

El presente escrito expone una selección, a modo de sistematización, de recursos y habilidades del Práctico o Terapeuta Floral encaminados a una atención del proceso personal con esencias florales de sus pacientes florales. Se muestran en el apartado tercero, de manera breve, ya que el objetivo principal de esta ponencia es mostrar una panorámica de los mismos. Para ello, previamente, se presenta en el apartado segundo una contextualización de la Terapia Floral centrada en el proceso, ámbito al que está dirigido este trabajo. Adviértase que la mayor parte de las indicaciones, comentarios y reflexiones aquí vertidas están, reitero, dirigidas a este ámbito profesional de Terapia Floral, si bien otros niveles de uso de las esencias florales tienen su lugar, más aún, son necesarios para aprovechar la riqueza del mundo floral.

2. CONTEXTUALIZACIÓN

El objetivo de este aparatado es centrar el lugar en el que la formación del Terapeuta Floral requiere, además de del conocimiento teórico del Sistema floral de Bach, en toda su amplitud, el desarrollo de unas competencias. Las universidades españolas –dentro de los requerimientos europeos- están, en el momento presente, trabajando en un enfoque revolucionario para el enfoque tradicional: definir y evaluar el aprendizaje de los futuros profesionales en función de COMPETENCIAS.

COMPETENCIA = CONOCIMIENTO TEÓRICO Y PRÁCTICO + HABILIDADES + ACTITUDES

 Esto puede trasladarse fácilmente al objetivo de este trabajo: ¿Qué recursos y habilidades son necesarios para formar terapeutas florales competentes? (Recuadro 1)


Recuadro 1. Pilares de formación y ejercicio profesional de un Terapeuta Floral competente


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 2.1. Niveles de Terapia Floral

Entiendo que podemos ayudarnos y ayudar a los demás con esencias florales en varias dimensiones que pueden coexistir, cuyas necesidades o exigencias de formación son también distintas: 

  • En un nivel básico “doméstico”, las esencias florales pueden ser utilizados -con una adecuada formación- para la auto-ayuda y ayuda en el entorno cercano por todos, como así deseara el Dr. Bach. Ejemplo de ello son una madre que da Rock Rose a su hijo que sufre por quedarse paralizado y en blanco en sus exámenes; o una mujer que ayuda a su marido que está a punto de rechazar la invitación para dar una charla sobre el tema, del que es experto, por un sentimiento de miedo e incapacidad (Mimulus-Larch).
  • También con un adecuado adiestramiento, podemos extender la ayuda del entorno cercano a un contexto profesional, ayudando a otros (clientes o consultantes) en sus padeceres o situaciones “agudas” o “puntuales”. Pongamos por ejemplo que una señora nos consulta y nos pide ayuda para la selección de esencias florales adecuadas para su nueva situación que define con “me está costando mucho adaptarme a los cambios de mi embarazo, me siento fea, y muy sensible, necesitaría a mi pareja todo el tiempo a mi lado, y me siento abandonada en este momento tan importante para mí, aunque él se comporte como siempre” (por ejemplo, con Walnut, Crab Apple y Chicory). Un Práctico, médico naturista, un masajista prenatal, por ejemplo, en estos dos últimos casos, formados en el Sistema Bach, podría haber aconsejado a su paciente una combinación, que sin duda ayudará a sentirse mejor a esta persona. Tal vez unos pocos preparados puedan ser suficientes.
  • Una tercera vía es el uso de la Terapia Floral para el seguimiento de procesos. Entiendo que la mayor fuerza de la terapia floral radica en que los remedios florales son facilitadores del crecimiento personal. En palabras de R. Orozco[1] “lo que sana es el proceso” y de E. Grecco “la esencias como psicoterapia líquida”. Poder ayudar a otros en un contexto profesional con el uso de las esencias florales requiere de una formación, auto-conocimiento y entrenamiento específicos, mucho mayor que en el caso anterior. Enfoque que ampliamente ha desarrollado S. Veilati (Terapia Floral Integrativa) y que aquí denomino, como modo particular de enterlo, “Terapia Floral centrada en el proceso”.

Otras maneras que encontré en la literatura floral de expresar esta idea de niveles, es la de Susana Veilati cuando, en su web[2], se refiere a los tres aspectos de la gestión terapéutica floral que se estudian en su formación: a) El alivio de los padecimientos emocionales y mentales de superficie; b) La reconducción de las estructuras profundas que los sustentan; y c) La prevención y tratamiento de los afectos constituyentes de los síntomas orgánicos. También en Veilati (2005a) cuando, al definir la Terapia Floral Integrativa, describe diferentes corrientes históricas.

Por su parte, Ricardo Orozco (2007), cuando menciona los campos de actuación de las flores de Bach, distinguiendo entre:

  1. Elemental primario: Auto-terapia y entorno familiar. Emergencias domésticas (traumatismos, quemaduras, dolores…). Uso de Rescue Remedy y algunas aplicaciones florales simples. Tratamientos “sintomáticos” no personalizados.
  2. Medio: Auto-terapia básica y entorno familiar elemental. Trastornos adaptatorios de conducta (celos, problemas de concentración, estrés, desánimo, exámenes, demanda de atención, agresividad, cansancio, pereza, etc.). Tratamientos a corto plazo, no personalizados.
  3. Profesional: Auto-terapia, empleo terapéutico avanzados y utilización para el crecimiento personal. Tratamiento individualizado de fondo. Consiste en conseguir un equilibrio personal en todos los órdenes: físico, emocional, mental y espiritual. Tratamientos a medio y largo plazo personalizados.

Por último Grecco (2006) marca una diferencia clara entre dos enfoques de Terapia Floral: “La diversidad de enfoques puede reducirse a dos abordajes generales: uno, aquella metodología que apunta a levantar progresivamente las capas emocionales del paciente; y otro, la lectura de las emociones sofocadas e inconscientes. Sobre el primer camino, denominado el método de las capas de cebolla, no vamos a decir casi nada, ya que se ha dicho mucho en la clínica floral, desde Nora Weeks en adelante, y se puede volver a las críticas y comentarios que se han aportado, al respecto, en diferentes oportunidades. La segunda vía, en cambio, merece una consideración especial ya que no deja de ser un terrero casi virgen”.

 2.2. La Terapia Floral centrada en el proceso

Deseo presentar este trabajo desde el lugar que entiendo se produce “una terapia floral enfocada al proceso”: el encuentro terapeuta floral-paciente floral-flores de Bach. Información ampliada de éste y el apartado precedente puede verse en Almansa (2008). La Terapia Floral “centrada en el proceso”, tal y como la entiendo (Recuadro 2):


Recuadro 2. Pilares en que se asienta la Terapia Floral centrada en el proceso


  1. Tiene orientación
  2. Se basa en la habilidad de observar y acompañar
  3. Dota al terapeuta floral de un conjunto de herramientas que son recursos para hacer consciente y poblar de palabras los síntomas de los procesos.
  4. Pone énfasis en la importancia del vínculo terapéutico y del conocimiento y manejo de la dinámica de la entrevista terapeuta floral/entrevistado floral.
  5. Implica un nivel de formación del terapeuta floral notablemente superior a otros niveles de uso de las esencias florales, que tiene como base el propio proceso personal del terapeuta y la supervisión.
  6. Procura un marco en el que desarrollar reglas básicas éticas terapeuta-cliente, algunas de las cuales pueden plasmarse en un código deontológico.
  7. Constituye un nivel de uso de las esencias florales que posibilita hacer de la terapia floral una Terapia del Alma (Transpersonal).
  8. También trata de dotar a la Terapia Floral de un cuerpo teórico-práctico-formativo que permita ir haciendo de esta terapia una profesión.

2.3. La Terapia Floral: ¿Medicina y/o Psicoterapia?

La Terapia Floral no es, legalmente, ni una Medicina ni una Psicoterapia, si bien, comparte zonas en común. Tener esto presente es importante porque: a) nos permite situar el particular ámbito de actuación de la Terapia Floral y enriquecernos con la experiencias acumuladas de estas otras vías de sanación; y b) es un punto de partida para diferenciarnos y auto-limitarnos como enfoque terapéutico propio.

La Terapia Floral no es una psicoterapia (¿por el momento?[3] a menos que estemos formados en el ámbito de la psicoterapia, lo que finalmente se podrá traducir en la integración y enriquecimiento mutuo de ambas terapias). Queda claro y será crucial estar atentos a no invadir este ámbito haciendo pseudo-psicoterapia (Orozco, 2007). En este sentido es interesante plantearse los límites de la Terapia Floral, en relación, por ejemplo a las situaciones y patologías de pacientes que será apropiado saber detectar para derivar.

Sin embargo, sabemos que “lo que sana es el proceso” (R. Orozco). Bach dijo que teníamos que hacerle comprender al paciente cómo su personalidad se alejó de su Alma, y que ésta es la causa de su enfermedad: ¡nada más y nada menos!.

La Terapia Floral tiene un cuerpo propio de comprensión de la razón de enfermar y de la vía de curación (en sentido amplio de los términos enfermar y curar). Ello no impide, que podamos utilizar la experiencia que en determinados terrenos acumulan otras formas de terapia o crecimiento personal. Destacan, en mi opinión, como saberes y experiencias acumuladas y consolidadas a rescatar desde las psicoterapias humanistas hacia la Terapia Floral: a) Las razones de un uso determinado de encuadre, que la psicoterapia tradicional ha experimentado y conoce bien; b) La importancia del vínculo terapéutico (relación transferencial incluida); c) Las reglas éticas básicas, particularmente la relacionadas con los roles diferentes terapeuta/paciente floral, que constituye una relación horizontal pero asimétrica; d) La importancia de la presencia del terapeuta, que supone una actitud, una capacidad de escucha, un manejo del silencio y del diálogo, y un nivel el contacto consigo y con el paciente floral; que no son innatos y que hay experimentar, desarrollar y cultivar; y, por último, e) La cadena de la experiencia: proceso personal del terapeuta y sistema de apoyo posterior a la formación (supervisión).

De otro lado, la Terapia Floral no es una Medicina, si bien, Bach era médico y la denominó “la Medicina del futuro”. El hecho diferencial con la psicoterapia, y similar a la Medicina, es que prescribimos unos remedios. Ello, al menos, a nivel legal, tiene unas consecuencias.

3. RECURSOS DEL TERAPEUTA FLORAL EN CONSULTA

Veamos el punto tercero del Recuadro 2, que es en el que se centra esta ponencia: “Dotar al terapeuta floral de un conjunto de herramientas que son recursos para hacer consciente y poblar de palabras los síntomas de los procesos”, que es aquí enfocado de una manera amplia incluyendo aspectos de otros puntos o pilares en los que se basa la Terapia Floral centrada en el proceso. Como se comenta en Almansa (2007), sin programa a seguir, pero con la ayuda de algunas técnicas que pueden, integrándolas en su quehacer terapéutico floral, ser los instrumentos de los que se sirva, en ocasiones, para hacer aflorar más conscientemente los síntomas del proceso en curso. No hay una planificación de técnicas previas a la consulta, pero sí el conocimiento y el desarrollo de unos instrumentos en “el armario de los recursos del terapeuta”.

En la sistematización de recursos que a continuación se desarrolla, no se toma la palabra RECURSO exclusivamente como sinónimo de HERRAMIENTA, sino en un concepto más amplio. En la consulta floral todo es un recurso. Al menos lo es: a) El espacio físico de la consulta; b) El manejo del encuadre (recurso muy importante y ¡tan infrautilizado!); c) El terapeuta floral (lo que sabe de las técnicas, de él, los remedios y su presencia), y; d) El preparado floral, ¡cómo no!. Y no como suma de las partes, sino el ENCUENTRO, de lo evidente, y de lo latente, el “encuentro de las Almas”.


Recuadro 3. Definición de palabras clave


Diccionario de la Real Academia Española

Recurso (Del lat. recursus).

  1. Medio de cualquier clase que, en caso de necesidad, sirve para conseguir lo que se pretende.
  2. pl. Conjunto de elementos disponibles para resolver una necesidad o llevar a cabo una empresa.

 Técnica (Del lat. technĭcus, y este del gr. τεχνικς, de τχνη, arte).

Conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una ciencia o un arte.

 Habilidad (Del lat. habilĭtas, -ātis).

Capacidad y disposición para algo.


Si casi “todo” son recursos, ya podemos intuir ¡que hay muchos!. Si bien, adviértase, no todos están al mismo nivel, en el sentido de que los requerimientos para su aprendizaje y desarrollo, son muy diferentes. Algunos pueden comprenderse y practicarse razonablemente bien en unos pocos fines de semana de formación, por ejemplo, entender el interés e iniciarse en el manejo de la técnica denominada “la repetición literal de una frase” (véase en el apartado 3.4), sencilla y muy útil para el Terapeuta Floral que se inicia. Otros, requieren inexorablemente de lo vivencial y experiencial, en general, lo relativo a la dinámica de la entrevista floral, porque ¿puede entenderse las peculiaridad del vinculo sanador terapeuta/paciente floral, por ejemplo, lo que en lenguaje de psicoterapia se denomina transferencia y contra-transferencia, desde una explicación teórica? (Véase el caso del Recuadro 4).


Recuadro 4. Reflexiones de una dinámica: un caso Vine


Una paciente con rasgo de carácter Vine llega a consulta. En su historia hay un fuerte rechazo a lo femenino (maltrato materno), la vulnerabilidad y todo lo asociado a él. El poder y la acción son formas de afrontar el mundo. Se sienta enfrente, eres terapeuta mujer, y ¿qué hará?. Serán esperables (“cada persona es un mundo”, sirva esto simplemente como ejercicio) algunas actitudes posibles:

  1. Que trate de tener el poder (del saber, rechazando el tuyo, te dirá que esencias debes ponerle); del encuadre (tratará por todos los medios que la cita sea en un día y hora que ella decide);
  2. Que proyecte en ti como Terapeuta Floral ese vínculo hija-madre que necesita sanar, con todo lo que eso puede significar (actitudes de desprecio, de chulería y de desvalorización, hacia la Terapeuta Floral, se entiende).

Sin la conciencia del lugar que ocupa todo esto ¡imagínense Uds. lo que puede pasar!, un proceso terapéutico floral, difícilmente:

  • Bien la Terapeuta Floral cede ante su poder (le deja que sea ella la que decida cuando se ven, con qué periodicidad, por ejemplo), con lo cual, la paciente floral al poco tiempo -probablemente- se irá. Cito aquí a Herranz (1999): “En la fase inicial de tratamiento nos encontramos con personas que nos piden ayuda y nos dicen cómo hacerlo, el “cómo hacerlo” que nos ofrecen es el único modo en que resulta imposible la resolución, se trata de la actitud defensiva de naturaleza neurótica”.
  • O bien, en un arrebato de contra-transferencia, estando “hasta el moño” de su actitud agresiva -más o menos- velada hacia nosotros, le pediremos que no vuelva más; petición que no entenderá ¿agresiva yo?, dirá; con lo que habremos reproducido un vinculo de rechazo de una figura de autoridad femenina, una vez más en su vida. Habremos caído en la trampa que en su dinámica sanadora “nos tendió”.

En la formación del “Terapeuta Floral centrado en el proceso”, la teoría es necesaria, pero insuficiente. De hecho la teoría, por ejemplo de dinámicas de tipologías florales, ni siquiera está hecha, o al menos accesible documentalmente hablando, hasta donde sé; claro que estará en los saberes de los Terapeutas Florales con experiencia y formación competente.

Recuerdo aquí de nuevo que me estoy refiriendo a uso de la Terapia Floral enfocada a procesos. Hablo de meses (o años, tal vez), según el caso, según el objetivo del camino a recorrer, teniendo en cuenta que el objetivo interior más genuino -normalmente inconsciente- con el que viene el paciente floral no es siempre el que nos trae en las entrevistas preliminares. En cualquier caso, tampoco es necesario que sean meses, ya que la dinámica terapeuta/paciente floral se manifiesta desde las primeras sesiones.

A) Herramientas “básicas”: el punto de partida

En este apartado se describen las herramientas o técnicas básicas, sencillas, pero de gran validez para el Terapeuta Floral que se inicia en su experiencia. A partir de las cuales puede ir desarrollando maneras más “avanzadas” de estar y acompañar, que se verán en apartados posteriores.

3.1.“Escuchar hablar a la flor”

Esta es una vía de escucha particular del Terapeuta Floral: “Escuchar hablar a la flor”. Esto es, he nombrado así la atención en la escucha del trabajo que la persona está haciendo con una determinada esencia floral entre consultas. Cuando hacemos un preparado floral que recoge los asuntos qué más le afectan al paciente floral, una fórmula breve o extensa, el resultado es que la persona va a trabajar en el ámbito de la conciencia (emocional, mental, corporal; a un nivel más terrenal o más sutilizado o espiritual), dichos asuntos en la dirección en que “su Alma necesita”, tal vez focalizándose en uno o varios de ellos, con el autoajuste propio de esta forma de terapia.

A la siguiente consulta, el trabajo del paciente floral activo en su conciencia, va a estar normalmente presente, en forma de mejoría de la gestión de la emoción, de un nuevo darse-cuenta, de una movilización, de una modificación de la perspectiva en que lo ve, entre otras formas posibles. Lo traerá como algo agradable o desagradable, como algo que se intensifica o disminuye de intensidad. Todo esto hay que recogerlo, en la consulta, y en la nueva fórmula floral. Personalmente incluyo una selección de esencias florales relativas a los asuntos nuevos -si los hay- y una selección de esencias que estaba ya trabajando, junto a otras de fondo o carácter, según el caso.

“Escuchar hablar a la flor” es uno de los mejores recursos que los Terapeutas Florales tenemos para saber qué flores cambiar y qué flores mantener en el nuevo preparado. Es asimismo, tal vez el recurso más propio y genuino de nuestra forma de terapia.

 3.2. La observación y escucha básica

 Acerca de la escucha, previamente:

La escucha del proceso que se manifiesta en el aquí y ahora de una sesión es la atención a todo lo que ocurre en ella. Cuando digo todo, me refiero, a las diferentes vías de expresión de la persona (verbal, gestual, energética y simbólica), pero también lo que a mí como Terapeuta Floral me pasa con lo que está sucediendo en el encuentro, escucha que se incluye en un apartado posterior. Lo simbólico puede incluir cosas como una “tirita en la frente que trae la persona”, hasta “un ruido de una taladradora” que impide un momento determinado la comunicación. No para el análisis, sino para un dejarse estar y suceder desfocalizado e intuitivo; que sucede en algún lugar más allá de la mente analítica.

Entiéndase que la palabra “proceso” del concepto “Terapia floral centrada en el proceso”, no se refiere sólo a PROCESO como CAMINO, que también; sino a LA ATENCIÓN DEL LA EXPRESIÓN DEL PROCESO en un instante, en el presente. La escucha entendida como “observación del recorrido de la persona en su proceso de evolución” ha de tenerse presente, al menos lo que conocemos, que es el “proceso terapéutico floral” que llevamos observando y acompañando. Pero también el proceso como manifestación de todo lo que es (obviamente la parte que somos capaces de observar de “todo lo que es”), en el instante, o en el breve espacio de una consulta floral.

Concretando y circunscribiéndome a las vías de expresión básicas, el Terapeuta Floral irá aprendido a registrar en una primera frase (Recuadro 5):


Recuadro 5. Escucha básica del paciente floral


  1. Qué dice (tomar nota de algunas frases).
  2. Cómo lo dice (gestos y tono emocional: de queja, de enfado, emocionado-afectado, frío-racional…). Atentos al cambio en el la postura, el gesto, el tono de voz cuando aborda un nuevo asunto.
  3. Congruencia entre lo que dice y lo que expresa por otras vías.
  4. Estilo de expresión, algunos ejemplos: Heather (habla mucho y con cierta compulsión), Cerato (salta de un asunto a otro), Water Violet (intelectualizado, frío, racional), Chicory (cariñoso, afectivo, emocional), Gorse (ojeroso, desesperanzado), Agrimony (complaciente, colega, sonriente), etc.
  5. Qué es lo que hace y cómo se relaciona contigo: Vine (te dice las flores que tienes que ponerle y cuando será la próxima cita), Impatiens (llega 10 min. antes y está lista en 20 minutos), Chicory (“te dice qué maja eres, cuánto le ha gustado la sesión…”, te seduce), Pine (te pide disculpas reiteradamente por los 5 minutos de retraso o por no llevar cambio, o porque la consulta se ha alargado 10 minutos, o…), Beech (hace como que no te ha oído, que lo que le has dicho no le interesa… aunque se lo lleve…), Agrimony (sonríe aún cuando trata de algo doloroso, es campechano, trata de agradarte), etc.

 


 3.3. ¿Anamnesis del paciente floral?

¿Qué información debe recogerse en las primeras consultas? ¿Hay un guión mínimo? La entrevista floral, en mi forma de entenderla, tiene una forma abierta y no estructurada o semi-estructurada (preguntas planificadas previamente). Por abierta, quiero indicar que se deja hablar al paciente desde los primeros instantes que llega a consulta, tras un acogedor saludo de nuestra parte, con alguna frase que invite a ello, o simplemente con nuestro silencio.

Como datos en una primera entrevista, recojo el nombre y el teléfono; los datos de si vive sola o acompañada, tiene o no hijos y a qué se dedica, normalmente los facilita la persona. No recojo, por sistema nada más, ya que prefiero sumergirme en el “proceso” de lo que ahí ocurre. Entiendo y confío que no necesito escuchar u observar nada adicional a lo que ahí va a decirse o suceder. Esto es, trato de dejarme estar, facilitando que la persona pueda traerse.

La anamnesis clásica, entendida literalmente como “el proceso de la exploración clínica que se ejecuta mediante el interrogatorio para identificar personalmente al individuo, conocer sus dolencias actuales, obtener una retrospectiva de él y determinar los elementos familiares, ambientales y personales relevantes (…) Para aprender a interrogar al paciente y obtener una historia clínica adecuada se requiere de una guía organizada y objetiva. Solamente así se puede evitar la elaboración de historias ambiguas, superficiales, desorganizadas, artificiosas y redundantes”, está ausente. En este sentido, la Terapia Floral se asemeja más a una sesión de Psicoterapia Humanista que a una de Medicina, por ejemplo, de Homeopatía, que por su particular forma de tratamiento sí necesita de una recogida sistemática semi-estructurada de signos y síntomas físicos y emocionales del paciente.

Esto no quiere decir que no se pregunte al paciente[4], sino que no es apropiado hacer preguntas que “corten el hilo” de lo que ahí sucede, sí incorporarse como terapeuta y comprender “ese hilo”. Si las esencias florales han de seleccionarse para el “aquí y ahora emocional y vivencial” principalmente de la persona; todo lo que interrumpa el aquí y ahora, dificultará y desviará una apropiada selección de esencias florales.

¿Qué sí hay que recoger en una primera entrevista, o en las primeras pocas entrevistas? Las expectativas del paciente (a qué viene y qué espera), su hipótesis de funcionamiento de las esencias florales (qué idea tiene acerca de lo que va a ocurrir y cómo funciona la Terapia Floral), y el contrato mutuo del encuadre (periodicidad, precio y otras cuestiones).

 3.4. Intervenciones básicas del Terapeuta floral: “por dónde empezar”.

Escuchamos, ¿y luego qué? Veamos a continuación intervenciones básicas, que pueden considerarse cuatro recursos, relativamente sencillos, que podemos ir incorporando desde nuestras primeras entrevistas florales desde el lugar del terapeuta:

a) Las preguntas abiertas

¿Cuándo preguntamos? ¿Qué tipo de preguntas? Generalmente no se utilizan preguntas cerradas (que sugieren una repuesta concreta o del tipo si/no): “eres una persona tímida ¿no?”.

Las preguntas abiertas están orientadas a conocer más de un asunto para ayudarnos a comprenderlo mejor y seleccionar las flores adecuadas: “¿cómo son esos momentos en que no puedes dormir, en qué piensas, qué te preocupa, qué haces…?” o “¿me puedes contar más acerca de tu dificultad de dormir?”.

¿Se puede interrumpir al paciente? Generalmente no interrumpimos, pero en ocasiones puede ser apropiado.

Lo que buscamos entender: ¿DE QUÉ SUFRE EL PACIENTE? NO TANTO LO QUE LE PASA SINO CÓMO LO VIVE, si bien el cómo lo vive está inserto en un relato, en una historia.

b) La repetición literal de una frase

Esta técnica es simplemente lo que indica su nombre, supongamos por ejemplo que:

  • El paciente floral dice: “Me cuesta conciliar el sueño”, y cambia de tema.
  • “Te cuesta conciliar el sueño…”, responde el terapeuta floral (repetimos literalmente lo que la persona dijo para invitarla a que amplíe su explicación).

Esto además hace sentir a la persona escuchada. Podemos asimismo utilizarlo para volver sobre un asunto que sentimos importante para la persona: “Dijiste que te cuesta conciliar el sueño…”.

c) La devolución

Devolución de lo obvio, lo objetivo, lo observable… ¡Sin interpretaciones!. Al final, al indicarle las esencias florales recogidas en la fórmula floral; o bien, durante la sesión, devoluciones de lo que percibimos, con el objeto de servir de espejo, por ejemplo, para resaltar un asunto, reflejar una incongruencia o facilitar la expresión emocional.

c.1) Devolución central: Explicación del preparado floral (al final de la entrevista). Ejemplos:

Frase tipo 1: “He escogido esta esencia para ti por esto que me dices…”

Frase tipo 2: “Me has mostrado que lo que te hace sufrir en este momento es …”

Si recordamos la cita del Dr. Bach: “… Evaluamos los defectos y errores de las circunstancias adversas de un paciente como indicaciones de lo mucho que se esfuerza en desarrollar las virtudes opuestas”, podemos también utilizar ésta otra perspectiva:

Frase tipo 3: “En esta sesión me has mostrado que lo que estás aprendiendo en este momento es…”.

Frase tipo 4: “Esta esencia floral te ayudará a seguir desarrollando…”

Lo que he denominado aquí frase tipo, son obviamente frases personalizables.

 c.2) Devoluciones durante la entrevista, no asociadas a esencias florales:

Ejemplo 1: “Me doy cuenta que hablar de ello te pone muy triste…” .

Ejemplo 2: “Dices que ya no te afecta…  Sin embargo me pareció escuchar tu voz más nerviosa cuando me hablabas de tu ex …”.  

La anotación de las frases es importante, también para una devolución de revisión del proceso o de cierre del proceso. Por un lado, la persona puede no darse cuenta de su grado de mejoría, porque ya no recuerda cómo vino a la consulta. También le enseña acerca de su proceso, sus progresos y se siente acompañada, percibida y escuchada.

d) La recapitulación

El Diccionario Real Academia Española recoge “Recapitular (Del lat. recapitulāre): Recordar sumaria y ordenadamente lo que por escrito o de palabra se ha manifestado con extensión”. Esta es una buena definición de lo que es esta técnica que puede aplicarse en la consulta floral.

Concretar, resumir, simplificar, ordenar… De nuevo sin añadidos interpretativos, sino de lo escuchado, dialogado…

Como en el caso de la técnica anterior, la recapitulación puede hacerse en el momento de la explicación del preparado floral, al final de la entrevista; o en otros momentos de la entrevista y con otro fin.

 d.1) Recapitulación central: Explicación del preparado floral (al final de la entrevista).

La explicación de las esencias seleccionadas en el preparado floral es ya en sí misma un resumen concreto del material expresado, quedando recogidas sumaria y ordenadamente, los padeceres del aquí y ahora de la persona. Simplemente lo que estoy haciendo aquí es darle nombre a una técnica habitualmente utilizada. Es relativamente sencilla (como cualquier otra requiere del desarrollo de la destreza o habilidad propia), si bien esto no ha de desmerecerla porque puede servir de gran ayuda al receptor, el paciente floral. Cuando el conflicto o la emoción está muy vivo, a menudo, el material que trae puede estar desorganizado, en el sentido de desorden de vivencia interna; acabar la sesión sintiendo que tiene más claro y concreto por lo que sufre ¡no es poco!.

d.2) Recapitulación durante la entrevista, no asociadas a esencias florales:

Devolución resumida y ordenada de asuntos o situaciones, recogidos, con frase de inicio tipo tales como: “Si lo he entendido bien…”; o “Entiendo que lo que más te preocupa en este momento es…”.

Esto hace de nuevo hace sentir a la persona escuchada y comprendida, y le ayuda -como se indicó antes- a concretar el material emocional y mental que a veces trae disperso. Es particularmente útil en el caso de personalidades emocionales (que priorizan lo que sienten sobre lo que piensan o hacen, tal es el caso de Chicory, por ejemplo). En el caso de personas más racionales o racionalizadoras de la emoción (que priorizan lo que piensan, cuando está en desacuerdo con lo que sienten, sirva como ejemplo Water Violet), necesitarán que estemos atentos a favorece la expresión de lo emocional, con algunas técnicas catalogadas como “avanzadas”.

Una de las diferencias entre devolución y recapitulación, es que, toda recapitulación es una devolución, si bien, una devolución no tiene por qué ser una recapitulación.

3.5. ¿Qué no-hacer?

Si aprendemos a utilizar bien estas técnicas sencillas, y a valorarlas, tal vez disminuya esa sensación de falta de recursos inicial. Curiosamente, el aprendizaje en su primera aproximación, pasa más por estar atentos a qué no se ha de hacer, que hacia qué ha de hacerse. De manera que siempre será interesante pararse a reflexionar sobre aquellas actitudes que claramente han de evitarse en un terapeuta floral competente, desde las primeras sesiones prácticas, como tal, que realice. Aquí se muestra una selección, algunas de las cuales se abordan más adelante:

  • Hay un narcisismo “fuerte” con rasgos caracterológicos principalmente del VII grupo de esencias florales de Bach (flores de “poder”: Chicory, Vine, Rock Water, Vervain y Beech), que pueden llevarnos, sin proceso personal apropiado a: dar consejos, “indicarle el camino”, “llevarlo por donde tiene que ir”, o ponernos como ejemplo. También, entre otras posibilidades, a seducirlo o manipularlo, probablemente acorde con nuestras propias carencias (Recordatorio: neurótico es aquel que cree necesitar manipular al mundo para conseguir lo que quiere, aunque no sepa que manipula). Véase el trabajo sobre fallas éticas del Terapeuta Floral (Veilati, 2004a). Mientras vamos sanando estos lugares desde los cuales creemos “conocer el camino” y “pretendemos guiar al paciente”, comenzar por conocer las indicaciones acerca de qué no-hacer es un primer paso.
  • Interrumpir al paciente (salvo que sea utilizado como un recurso dirigido), especialmente en los momentos de expresión emocional. La interrupción en estos momentos emocionales tiene que ver con frecuencia con una dificultad propia y no trabajada del terapeuta floral de contener o convivir con su propia emoción (Agrimony). O por la necesidad compulsiva de nuestra propia presencia mal entendida (Heather).
  • “Contarle de nosotros”, tal vez desde un narcisismo de apariencia “debil”, no por “débil” menos inapropiado, para hacer más amigable y cálido el encuentro, sin conocer que lo único que estamos haciendo es ponerle un peso al paciente (el peso de lo nuestro), y quitarle su tiempo y espacio; y dificultando o impidiendo que se construya una relación terapéutica. Chicory, desde su “compulsión amorosa- seductora” y Rock Water desde su necesidad neurótica de “mostrarse como ejemplo” pueden ser dos tipologías florales a tener en cuenta en este apartado. La distancia terapéutica es imprescindible para que no se caiga en la confusión de roles (…) el paciente es el único protagonista. (…) Considero que el afecto y la intimidad no es lo mismo que compartir datos de nuestra biografía. Los pacientes se pueden sentir profundamente queridos y acogidos, sin necesidad de saber de su terapeuta nada más que el modo de comportarse con ellos, su disponibilidad emocional en la sesión. (…) Por supuesto, he descartado el uso de la biografía de los terapeutas como pretendido acercamiento a los pacientes (Herranz, 1999).
  • Dejar que sea el paciente el que marque las pautas de trabajo (encuadre en general), con lo que perdemos nuestro lugar y anulamos toda posibilidad de encuentro terapéutico.
  • Por último, cobrar muy poco, para ¿mostrarnos “seres bondadosos y altruistas”?, ésta práctica de narcisismo aparentemente “débil”, pudiera deberse -en algunos casos- por el contrario, a una prepotencia encubierta. Es un mínimo básico de profesionalización, cobrar por nuestro trabajo, energía, tiempo y formación. Pese a lo obvio del asunto, encuentro la dificultad de cobrar unos honorarios razonables con una frecuencia alarmante en el mundo floral: ¿Quién soy yo para cobrar? ¿Cómo voy a cobrar tal cantidad de dinero? ¿No dio Bach los tratamientos gratuitamente a los pacientes? ¡Si yo esto lo hago por ayudar y lo hago felizmente gratis!. Muchos asuntos aquí implicados, en la dificultad de cobrar, como para poder desarrollarlos en este espacio. Si bien, reconozco que hay una parte legítima y rescatable de este sentir, que deseo recoger como formadora, y expresar en este foro que entiendo muy apropiado. No es únicamente por carencias personales (una expresión de falta modestia lleva unida una prepotencia encubierta) que bien haríamos en tratar de sanar, si deseamos ayudar a otros con las esencias florales. Esta dificultad de cobrar, ¿puede traducirse en una demanda de programas de formación más sólidos de Terapia Floral, una reacción a una sensación de carencia real, no personal, sino de formación, que se intuye y se vive?. Opino que también. Si bien el camino, mientras tanto, puede de ir por preguntarse ¿qué necesito para estar y sentirme preparada? ¿Es real? Si sí, ¿necesito más proceso personal? ¿Estudiar materia floral? ¿Supervisión? ¿Invertir parte de mi energía en voluntariado bien dirigido y organizado?. Mejor que tratar de cubrir nuestras carencias de formación objetivas o subjetivas (puede que necesite, p.ej, trabajar el no sentirme nunca suficientemente preparada) bajo un manto de altruismo mal entendido. Por último, recuérdese que no cobrar nos sitúa en una posición desequilibrada de poder y de deuda, en perjuicio de ambas partes (o de beneficio neurótico de una, la del terapeuta), y contrario a los objetivos de la sanación.

B) El encuadre como recurso imprescindible de una Terapia Floral centrada en el proceso

El encuadre es uno de los recursos más importantes y más infrautilizados, hasta donde conozco, del quehacer en la Terapia Floral. Es, en mi opinión, un ámbito en común de la Terapia Floral con las psicoterapias humanistas y la clínica psicológica clásica, cuya experiencia en sus diversos enfoques, se muestran claros siempre en una dirección: la necesidad de un encuadre para el paciente. El encuadre es más que “las condiciones” del terapeuta, es un “contrato mutuo”, un marco en el que se construye la relación terapéutica. No es un contrato para el beneficio de una de las dos partes (organización del terapeuta), es sobre todo y principalmente, para beneficio del paciente floral. Sin encuadre estructurado no hay posibilidad de vínculo terapéutico, ya que no hay un espacio-tiempo asignado al paciente floral.

Algunos psicoterapeutas consideran que, cuanto más estricto sea el encuadre, más se protege el tratamiento, y creo que es cierto y bueno para el paciente sentir que el camino a seguir es importante y se comprometa a hacerlo (Herranz, 1999).

Dentro del encuadre podemos considerar: a) honorarios (a los que se ha hecho ya referencia); b) El manejo del tiempo (frecuencia y periodicidad de las citas; duración de las mismas); y, c) otras condiciones del contrato que es un reflejo de nuestra manera de trabajar. Véase también a Veilati (2005b).

3.6. El manejo del tiempo

Se citará a la persona, en la medida de lo posible, en una misma hora y día de la semana, con periodicidad semanal o quincenal. La frecuencia mínima media para un trabajo a medio o largo plazo, centrado en el proceso, es de una vez cada dos semanas. Existen situaciones en las que es recomendable la periodicidad semanal, que puede pasar a quincenal en una segunda fase del tratamiento; y otras, en las que la periodicidad puede ser mayor a dos semanas, particularmente niños y ancianos, a los que damos esencias florales a partir de familiares.

La periodicidad clásica de tres semanas que se ha venido utilizando es, en mi opinión y experiencia, claramente insuficiente para el nivel de uso de la Terapia Floral a que hace referencia esta ponencia. Herranz (1999) contesta a las siguientes preguntas acerca del encuadre, con las que personalmente concuerdo:

  • ¿Se pueden cambiar las sesiones de día y hora? No. Aunque se tenga un solo paciente. Ésta es una regla fundamental. 
  • ¿Podrían darse excepciones a la regla? Sí. Pero para que se den las excepciones, es imprescindible que la relación terapéutica esté sólidamente consolidada, y desde ahí se puede valorar, pero siempre como algo a evitar. 
  • ¿Se pueden aumentar el número de sesiones o disminuir a petición del paciente? Ésas no son decisiones que deba tomar el paciente. Si el paciente tiene la capacidad de decidir la dosis de tratamiento que necesita, el terapeuta debe empezar a considerar qué trabajo va a hacer y desde qué posición lo va a realizar. 
  • ¿El terapeuta puede cambiar las sesiones o las horas de sesión? No le va a quedar más remedio que hacerlo alguna vez, pero ello conlleva avisar con suficiente tiempo al paciente para que tenga la posibilidad de organizarse externamente, y la posibilidad de mostrar su queja o su necesidad para la interrupción o el cambio. No obstante, entiendo que el número de interrupciones por parte del terapeuta deben ser las imprescindibles.

Destacaría tres esencias florales, junto a una de sus extensiones o relaciones (Juan, 2007), que tienen que ver con las dificultades del Terapeuta Floral frente al encuadre (especialmente la periodicidad). Desde luego no son las únicas, si bien son las que, por más observadas, selecciono para esta reflexión (Recuadro 6):


Recuadro 6. Algunas dificultades florales con el encuadre


Centaury – Pine. Centaury es la esencia floral clave para el tema de la dificultad de límites. El encuadre es un límite. Pine es la esencia que le corresponde en el esquema desarrollado por L. Juan (2007). La sensación de no-merecimiento se erige como un obstáculo para construir el encuadre.

Lección a aprender: Es evidente que la primera lección que todo terapeuta debe aprender es que, si no es capaz de su propia consideración, será imposible que los pacientes aprendan a valorarse con él (Herranz, 1999).

Vervain – Beech. Vervain es portador de “ideas fijas” y en sus deseos de dar libertad, mal entendida, en esa búsqueda de “tolerancia” como aprendizaje, confunde encuadre con exigencia.

Lección a aprender: Re-descubrir los talentos asociados a la firmeza de ideas, orden o estructura; que hay asociada a una rigidez sanada. Re-encontrarse con su sombra (no dar/darse libertad) y no proyectarla al exterior, en este caso, en la forma de hacer Terapia Floral. También la apertura a aceptar ideas “de fuera”.

Chicory – Red Chestnut: Chicory, desde su apego, y en el aprendizaje en el que está de darse y dar libertad, también confunde el encuadre, con su miedo (deseo encubierto) de generar dependencia en el paciente.

Lección a aprender: Reconciliarse con sus necesidades, re-aprenderse como una persona también carenciada de amor, más que sobrada del mismo. Desapegarse del “otro”, de la necesidad compulsiva de amor del otro, dándose la libertad que necesita y no proyectar esa necesidad en el encuadre.

Chicory – Willow: Desde su fantasía de “abundancia” y de sentirse especial, considera en el fondo “que no va a necesitar decirle al paciente cuando volver, las flores (proyección de ella/él) funcionan tan bien, que seguro que cuando se le acabe el preparado llamará”.

Lección a aprender: Habitualmente la realidad clínica le muestra que la Terapia Floral no sucede así. Y aquí puede caer en su resentimiento hacia el mundo “con lo que yo le he dado…”.


En los siguientes apartados (C a E) se recogen recursos, en el sentido amplio del término que se viene utilizando, que han de plantearse y comenzar a desarrollarse en una formación de Terapeutas Florales de un nivel más avanzado.

C) Los recursos del Terapeuta Floral siendo y estando

3.7. El cultivo de la presencia, actitud y acompañamiento: o el arte de hacer “nada”.

Las palabras ACOMPAÑANTE, FACILITADOR o TESTIGO son bellos sinónimos de lo que es el trabajo del Terapeuta Floral. Implica cultivar un “estar” al que se le han asociado estándares tales como: “Ir un paso por detrás del paciente” o “No empujes el río que fluye sólo”.

La presencia del Terapeuta Floral, que es el estar con lo que es y con lo que hay hoy, en y desde este rol de terapeuta: con el camino recorrido, con mi particular modo de energía, con mis experiencias y con mis limitaciones. “Mi saber estar o actitud como terapeuta” ocupa una parte muy importante de esta presencia.

La Terapia Floral, en su paralelismo con las psicoterapias humanistas, es entonces el “arte de hacer nada que no sea acompañar y traducir a flores de Bach lo que hay ocurre, el momento preciso del proceso del paciente”. Hacer “nada”, distinto de no-hacer-nada, que es un gran objetivo en sí mismo, un fin… que no podemos alcanzar sin medios. Mientras alcanzamos este fin es necesario aprender y entender con qué recursos contamos, la importancia de éstos, aprender técnicas de entrevista, y cultivar habilidades y actitudes.

Hacer nada sería lo opuesto a poner intención, siempre que sustituyamos la intención por la presencia. Quitar intención, en el sentido de desapegarse de querer conseguir algo concreto, “por encima de todo”; o querer conseguir algo que me beneficie a mí, o que pase esto para que luego pase aquello, exactamente en ese orden y no en otro, “que para eso soy ya tan listo…”, por ejemplo.

Pero, si lo contrario de intención es pasotismo, no se trata de eso tampoco. (…) Cuando uno hace nada puede estar apasionadamente haciendo nada.

(…) Hacer nada es muy difícil, resultará evidente al lector si no lo era ya previamente. (…) Es como una especie de sorpresa que ocurre después de mucho trabajo de hacer y de no hacer. (Rams ,2004).

3.8. La consulta: un espacio de contención

La consulta es un espacio de contención o de sostén. Puedo contener la emoción “del otro”, en este caso del paciente, emociones tales como la tristeza, rabia, miedo (emociones desagradables si bien, con frecuencia funcionales) si he aprendido a contener mi propia emoción. Y aquí es donde la importancia del proceso y trabajo de auto-conocimiento del Terapeuta Floral se hace, en mi opinión, imprescindible.

3.9. El manejo alternante del silencio-conversación

 ¿Qué lugar ocupa el silencio del terapeuta?

Propicia la no-guía o estructura de la sesión: que se manifiesten las situaciones más presentes de la persona.

Es una actitud relacionada con la unidireccionalidad de la relación terapéutica, que indica que el tiempo de la sesión es para ser ocupado por los asuntos del paciente floral.

¿Qué lugar ocupa el silencio frente al diálogo?

Como explica Herranz (1999) para ir creando esa disposición emocional, que permitan acercarnos a las situaciones que conflictúan al paciente, se hace primordial el manejo de la CONVERSACIÓN y el SILENCIO, en un equilibrio alternante, guiados por el nivel de tensión emocional “en el campo terapéutico”. Una situación donde no hay un mínimo de tensión es una conversación coloquial, agradable e incluso amigable, pero alejada del fin para el que el paciente acude a tratamiento. Un silencio prolongado es una situación ansiogéna para el paciente que puede incrementar la parálisis y suponerle un sobresfuerzo innecesario.

 El juego de la alternancia entre conversación y silencio, por parte del terapeuta, lo interpreto, desde el punto de vista emocional, como el juego de deprivación-nutrición trasladado a la relación en que se colocan terapeuta y paciente. El terapeuta debe saber que es necesario y prioritario el cuidado y sostén emocional, sobre todo, en el inicio del tratamiento, así como tener en cuenta que es necesaria la deprivación para impedir el anclaje del sujeto a lo externo, a su figura como modo de evitar la regresión. Por otra parte nos resulta imprescindible manejar la regresión para llegar al sujeto interno (Herranz, 1999).

 ¿Cómo se puede cultivar el silencio? Con la práctica, en las sesiones de la consulta floral; con la meditación; y, trabajando con esencias florales las dificultades concretas del terapeuta (Recuadro 7).


Recuadro 7. Dificultades florales con el silencio


Algunas de las dificultades florales más frecuentes:

AGRIMONY: reflejo de la dificultad de permanecer con su propio silencio. El silencio contacta con la ansiedad.

HEATHER: auto-centramiento del terapeuta que le hace llevar los asuntos hacia sí mismo. Dificultad de contención verbal. El silencio contacta con el vacío.

IMPATIENS: se adelanta por impaciencia, a lo que cree que va a decir el paciente, le cuesta seguir su ritmo que se vive como “demasiado lento”. Tiene dificultades con el: “ir un paso por detrás del paciente”. Interrumpe desde la impaciencia.

MIMULUS: por el miedo hacia el paciente, o los contenidos que trae… Interrumpe para la evitación.

Los que conocen el camino:

VERVAIN: desde una actitud de vehemencia, apasionamiento o de excesivo “impetu curandis”. Interrumpe desde la impulsividad.

BEECH: “¡el paciente tiene que saber cómo deben ser las cosas, lo que está bien y lo que está mal… le escucho errando!”. Interrumpe para enseñar.

VINE: “hay un camino a seguir, no perdamos tiempo, es por aquí. Si haces lo que te digo … te irá bien”. Interrumpe para indicar el camino cierto, con excesiva diligencia.

CHICORY: Interrumpe para consolar y dar afecto al paciente. También sabe el camino cierto, desde un lugar maternal. Creyéndose abundante… se dispone a dar.


 3.10. La escucha y el contacto

No hay contacto sin auto-escucha. No hay relación terapéutica sin contacto. No hay contacto sin auto-contacto.

Por propia escucha (o contacto con uno mismo), quiero decir la necesidad de “escuchar al paciente, pero escuchándonos”. Nuestra propia emoción nos da una información valiosísima de lo que está sucediendo en ese seguimiento del proceso del paciente. Si no la escuchamos, entonces actuaremos la emoción desde la inconsciencia, y probablemente el paciente se irá con alguna que otra esencia floral que no necesita, sino que el que la necesita es el terapeuta. Amén de otras que no veremos (y por tanto no daremos la flor asociada a su lectura) porque son asuntos nuestros aún sin resolver o emociones no reconocidas.

Éste aparatado comparte con el de contención, el mismo requerimiento imprescindible de auto-conocimiento vía proceso personal del Terapeuta Floral.

D) Herramientas “avanzadas”

En este apartado se sitúan estrategias (que sostienen una filosofía) de consulta, que siendo relativamente sencillas de aprender, son interesantes para un nivel de formación avanzado del Terapeuta Floral. Entre ellas destacan (herencia de la Gestalt y de la PNL) un conjunto de recursos, que por falta de espacio/tiempo sólo nombro: a) Aquí y ahora, ¿pero cómo? o el manejo del presente: ¿cómo sientes tu cuerpo?; b) Responsabilizando al paciente, p.ej. pedirle que hable en primera persona; c) Sustituir los “tengo que, hay que” por “quiero, elijo o decido”; d) Evitar que el paciente se pierda en los porqués, centrarse en los cómo; y e) Sustituir los “pero” por “y”; entre otras.

E) Líneas terapéuticas florales “avanzadas”: Estructuras para el diálogo floral

Nada más lejos de los propósitos de este libro que sugerir que el arte de curar es innecesario”. (E. Bach)

Si acompañar el proceso implica también involucrarnos en un diálogo… ¿Qué busca ese diálogo? ¿Desde dónde lo construimos? ¿Con qué objetivos?.

También se abordará este apartado aquí con brevedad, si bien quisiera manifestar la idea de que todo diálogo terapéutico ha de sostenerse en una estructura. Aún estamos -en mi opinión- en proceso de construir una estructura desde el legado del Dr. Bach. Los trabajos de L. Juan (2005 y 2007) y E. Grecco (2009) apuntan -muy acertadamente en mi opinión- en esa línea. Particularmente encuentro el trabajo de investigación sobre el Sistema Bach de L. Juan (2007), con un gran potencial, en forma de mapas emocionales, que sirvan de guía en nuestro trabajo.

¿Es suficiente con lo ya construido? Yo diría que no, o aún no. Adicionalmente que una línea de trabajo, necesariamente no ha de excluir a otras. El Dr. Bach fue un médico con una gran espiritualidad y preparación científica. El objetivo que parece sustentar “su día de colegio” y su camino espiritual, profundamente abordado, están en la base de su gran obra. La filosofía (acerca de la enfermedad y la cura), los objetivos (que la personalidad alcance el aprendizaje trazado por el Alma), están manifiestos en su legado. Los medios (las esencias florales) también. La manera de acompañar o sostener “todo eso” (el paciente y su aprendizaje), entiendo que menos. No en vano Bach, inició el “Cúrense Uds. Mismos” (nombre propuesto por el editor, del original de Bach “Salgamos al Sol”) con la frase que encabeza este apartado: “Nada más lejos de los propósitos de este libro que sugerir que el arte de curar es innecesario”.

De los enfoques terapéuticos, que persiguiendo el mismo fin y con similar filosofía, ayuden en “el conocimiento de la Naturaleza Humana” que según Bach era necesario para el “Médico del futuro”, utilizo especialmente dos, que aquí sólo se nombran:

3.11. El trabajo de creencias irracionales (A. Ellis) que sustenta la caracterología floral

Vías de trabajo: Hacer explícita la creencia insana vinculada a la “emoción crónica”. También el uso de afirmaciones florales. Implica una teoría de formación de carácter como formas de ver el mundo (pensamientos) que llevan a emociones sustentadas en los mismos.

 La cognición es el determinante más importante y accesible de la emoción humana. De manera sencilla, sentimos lo que pensamos. No son las circunstancias, ni los demás los que nos hacen sentir como sentimos, sino es nuestra manera de procesar estos datos, seamos o no conscientes de ello (A. Ellis).

Las esencias florales trabajan en todos los planos del Ser, por tanto también sobre el pensamiento. Bach hablaba de “Mente” (pensamientos y emociones) y proponía diagnosticar a través de la observación de la misma, no sólo de la emoción, ¡palabra que no llega a nombrar en sus escritos!. Son muchas las citas que pueden hallarse en su obra en esta dirección, tales como:

La enfermedad es, en esencia, el resultado de un conflicto entre el Alma y la Mente, y no se erradicará más que con un esfuerzo espiritual y mental (Cúrese Ud. Mismo, Cap. I, E. Bach). 

El deber del arte de la curación consistirá en ayudamos a alcanzar el necesario conocimiento y en proporcionarnos los medios para superar nuestras enfermedades, y además, en administrarnos los remedios que fortalezcan nuestros cuerpos físicos y mentales y nos den mayores probabilidades de victoria. (…). Y en los casos en que se emprenda lo bastante pronto la corrección de la mente, se evitará la enfermedad inminente (Cúrese Ud. Mismo, Cap. VII, E. Bach).

 “La enfermedad es la consecuencia de una manera equivocada de pensar y de un comportamiento erróneo, y desaparecerá cuando esa forma de actuar y esos pensamientos sean puestos de nuevo en orden” (Sois víctimas de vosotros mismos, E. Bach).

Una “idea loca” es una ideal irracional que se presenta como racional (A. Ellis) y que crea emociones insanas porque no están ajustadas con la realidad. Ejemplos obtenidos de consultas florales: “Si no soy perfecto no me van a querer” (Rock Water); “Si el mundo a mi alrededor no es perfecto no se puede ser feliz” (Beech); “Me aman si me necesitan” (Chicory); “Si soy vulnerable o dependiente me van a hacer daño”; “Valgo si tengo poder” (Vine).

 3.12. Identificación de la sombra a través de las proyecciones (C. Jung)

 Vías de trabajo: La teoría de formación del carácter con el debate máscara-sombra. La lectura de la sombra en vínculos, sueños y en signos y síntomas físicos.

 “No nos convertimos en seres iluminados visualizando figuras de luz, sino volviéndonos conscientes de nuestra oscuridad” ( Carl G. Jung)

“Miré y miré y esto llegué a ver: lo que creía que eras tú y tú era en realidad yo y yo” (Anónimo, atribuido a Buda).

La proyección es un mecanismo inconsciente mediante el cual le atribuimos características propias a otros. Al proyectar, depositamos un aspecto interno en alguna persona o situación externa, y luego reaccionamos frente a ésta de manera positiva o negativa, con atracción o con rechazo. Puede ser usada de dos formas diferentes: (1º) Culpar a otro por nuestras faltas (ej. me suspendió, me asustaste, me hizo llorar…); (2º) Adjudicar a otros nuestras actitudes y tendencias inconscientes (ej. piensa mal de mí).

El trabajo con “apropiarse de las proyecciones” es una vía profunda, enormemente rica, difícil, muy ligada a la obra de Bach, aunque expresada con otras “palabras” (véase el Recuadro 10), como reconoce Grecco (2005), en su interesante artículo “Sombra, Polaridades y Flores de Bach”. El concepto de proyección asimismo es crucial dado que está muy relacionado con las características propias del vínculo terapéutico. En tal vínculo, paciente y terapeuta proyectarán. Parte de esta proyección contiene lo que el análisis se denomina transferencia y contratransferencia.

La filosofía de Bach y Jung, tienen como eslabón común la filosofía oriental budista, de los que ambos –parece- se nutrieron y expresaron desde sus diferentes lugares. En el texto de Grecco y Espeche (2003) titulado “Jung y Flores de Bach”, se exponen puntos de convergencia entre el concepto bachiano de proceso de evolución y el concepto jungiano de individuación. De otro lado, Hernández Ríos (2005a y 2005b) en sus escritos titulados “Bach Metafísico” y “Edward Bach y el Budismo” encuentra raíces de pensamiento hinduista, metafísico y budista, en la obra de Bach. También Grecco (2004 y 2005b) investiga esta raíces en las que se sostiene el pensamiento de Bach.

Podemos tener cualquier esencia floral en “la sombra” (rasgos de carácter y emociones rechazas en nuestro proceso de socialización, que forman parte de nosotros y que contienen talentos no desarrollados). Si bien, como arquetipos, Agrimony representa la máscara y Cherry Plum la sombra. Chestnut Bud será una flor que nos ayude en la auto-conciencia, ya que la repetición de errores es una manifestación de nuestra sombra: aquello que permanece en nuestro inconsciente (sombra) conforma nuestro destino. También Sweet Chestnut puede ayudar en esos momentos de “partos del Alma”, que se viven con gran angustia y desgarro.

De otro lado, la lectura floral de signos y síntomas físicos (vía Patrones Transpersonales y/o simbología de la enfermedad), tiene una conexión cierta con la lectura de la sombra en el cuerpo (Almansa, 2009). Los Patrones Transpersonales (PT) (Orozco, 1996 y 2003) nos otorgan la capacidad de observar a las flores de Bach en su forma más universal a la más particular, esto es, del patrón manifiesto en la naturaleza a la aplicación local; lo que supone un aporte de gran trascendencia. Si bien, la sistematización de los PT tiene obviamente un uso más extenso que el que los conecta con este apartado.


Recuadro 8. Evidencia de la conexión entre la filosofía de Bach y la de Jung (las negritas son mías)


La siguiente cita de Bach (1930), en “Algunas consideraciones básicas sobre la enfermedad y la curación” pone de manifiesto cómo él manejaba el concepto de proyección de la sombra en vínculos y de cómo apropiarnos de esta proyección:

La personalidad de muchos de los pacientes que nos consultan suele estar muy marcada por la influencia de algún familiar o amigo dominante, resultando en muchos casos más fácil el hacer un diagnóstico de la persona dominadora, ya que ésta pertenecerá al mismo grupo que el paciente. También aquí se aplica el principio del igual repele al igual, ya que aquí nos encontramos con aquellos que poseen nuestros mismos defectos, pero de una manera mucho más clara, de tal forma que podemos reconocer el padecimiento que esa actitud perjudicial desencadena”.

También en el mismo escrito de Bach, podemos encontrar referencia al hecho de que la sombra contiene talentos no desarrollados, que pueden vincularse a la enfermedad:

Existen dos tipos de equivocación: el error del descuido y el error que cometemos activamente.

Si poseemos una virtud que no desarrollamos, se convierte en un pecado de omisión. Es el mismo caso de una persona que esconde sus talentos, y este error está íntimamente ligado con una enfermedad latente, con una enfermedad que se cierne sobre nosotros al igual que una nube pero que, sin embargo, nunca nos atrapará si reconocemos a tiempo nuestro error y desarrollamos la virtud necesaria.

(…) Es por esto que la labor del verdadero médico es la de encontrarse en situación de ayudar a sus pacientes, mostrándoles las virtudes latentes que hay en ellos y que no desarrollan, o las cualidades negativas que se oponen a los mandamientos de su mejor yo y que sí realizan.

En “Sois víctimas de vosotros mismos” (1931), entre otros escritos, Bach sugiere la conexión entre la simbología de la enfermedad y la conexión con la lección que trata de mostrar, lo que nos conecta con la lectura de la sombra (la lección por aprender) en los síntomas y signos físicos:

El médico del mañana no tendrá interés en la patología o en la anatomía patológica, ya que él investiga la salud. (…) Es insignificante el saber que parte del corazón es la que está dañada y, por contra, es tremendamente importante descubrir de qué manera el paciente ha desarrollado de manera equivocada su amor. Los rayos X ya no serán utilizados para examinar una articulación artrítica, sino que más bien se investigará la personalidad de paciente para descubrir dónde se encuentra el agarrotamiento en su Alma”.


 4. COMENTARIOS FINALES

¿Cuál es la amalgama que une y sostiene todo esto? Por “esto” me refiero al objeto y quehacer de la Terapia Floral.

4.1. La vocación (la auténtica, la que va emergiendo de sanar la herida narcisista) del terapeuta floral

Una vez leí una frase que por su aparente elitismo rechacé, referente al hecho de ser terapeuta: “Son muchos los llamados y pocos los elegidos”.

Sin embargo, entendiendo que la frase puede llevar a malentendidos, como a mí me ocurrió, cada vez estoy descubriendo cuánta verdad hay en dicha frase (recuerdo, para el Terapeuta Floral o 3er nivel de uso del Sistema de Bach). Al mundo floral se acercan muchas personas. Sin embargo, como profesión -aún en construcción- se requiere de una auténtica vocación. Lo vivo como un oficio apasionante y tampoco exento de dificultades. Sin auténtica vocación nos quedamos en algún lugar del camino.

La vocación ha de sustentarse en sanar las heridas del “por qué queremos ser terapeutas”. El último grupo del Dr. Bach, el VII, al que amablemente llamó “para la excesiva preocupación en el bienestar de los demás”, contienen, en mi opinión, la clave de la sanación de estas heridas.

¿Cuál puede ser un requisito fundamental de la vocación de “Terapeuta” Floral? Una vocación de auto-conocimiento, un deseo de búsqueda, de sanación de sí mismo; aunque -en esa búsqueda- haya llegado al universo floral desde “el querer sanar a los demás”.

Como señala Herranz (1999): “La formación del terapeuta es un proceso interno imposible de acabar”.

 4.2. La capacidad desarrollada de “canalizar amor” o el requisito imprescindible del proceso del Terapeuta Floral

 “La terapia es un acto de amor o debería serlo” (…) “Si el terapeuta no sabe despertar en la persona que lo consulta la esperanza en un cambio en su parecer, si no logra nacer un vínculo amoroso de trabajo entre los dos, queda cortada desde el inicio, toda posibilidad de curación” (E. Grecco).

“Cada uno de nosotros es un sanador, porque cada uno experimenta en su corazón amor por alguna cosa: por nuestros semejantes, por los animales, la naturaleza o la belleza en alguna de sus manifestaciones. (…) Por este motivo, no sólo nos podemos sanar a nosotros mismos, sino que también tenemos el privilegio de encontrarnos en situación de ayudar a sanar a nuestros semejantes, siendo los únicos requisitos para todo esto el amor y la compasión” (Bach, Libérate a tí mismo).

El que seamos seres cuya auténtica esencia sea el amor, no ha de confundirse con el hecho de que la capacidad de trabajar desde ese amor, o de “canalizar amor” sea “natural”. Si fuera así ¿para qué íbamos a encarnarnos en este día de colegio, si no es para aprender doce diferentes vías (doce sanadores) de llegar a esa esencia que es el amor?.

“Si tenemos en nuestra naturaleza suficiente amor para todas las cosas, no podemos hacer el mal; porque ese amor detendrá nues­tra mano ante cualquier acción, nuestra mente ante cualquier pensamiento que pueda herir a los demás. Pero aún no hemos alcanzado ese estado de perfección; si lo hubiéramos alcanzado, no se re­queriría nuestra existencia aquí” (Bach, capítulo III de “Cúrese a Ud. mismo”).

“…se hace significativo el trabajo que el terapeuta haya hecho sobre sí mismo para resolver sus conflictos e impedimentos y desplegar sus capacidades, habilidades y talentos personales como sanador”  (Grecco, 2007).

“¿Cómo podemos aprender a amar?, me preguntó alguien. Ser amoroso no puede enseñarse como un deporte o una lengua extranjera. Desarrollamos la capacidad de amar apartando los obstáculos que nos impiden hacerlo y siguiendo nuestra búsqueda del alma. Cuando trabajamos en nuestro proceso de desarrollo, vamos más allá de las energías oscuras y pesadas, de nuestros dolores personales y de los sufrimientos que nos impiden amar. Vamos más allá del miedo, de la ira y de otros sentimientos que nos separan de los demás seres humanos. Gradualmente vamos desarrollando un compromiso incondicional. Somos capaces de sentir compasión por toda la humanidad y sus problemas. Descubrimos el amor incondicional cuando somos verdaderamente capaces de actuar así, no antes” (Manné, 2000).

5. REFLEXIÓN FINAL

Incorporar todas estas “competencias” necesarias -entiendo- para ser un Terapeuta Floral profesional, requiere de formaciones cada vez más solidas que vayan haciendo del mundo floral un ámbito (una profesión) de creciente legitimación social. Y donde los niveles de uso de las esencias florales (doméstico, como co-adyuvante de otros tratamientos y profesional) tengan su lugar diferenciado. Hacer de la diversidad y flexibilidad de la terapéutica floral una fuerza y no una debilidad. Este foro es la constatación de que, como colectivo, estamos embarcados en esta vía.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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  • Almansa, C. 2009. Lectura de la simbología floral de las alergias. Revista Terapeutas Florales Nº 6, en prensa.
  • Bach, E. 1991. La Curación por las Flores (Cúrese Ud. Mismo; Los Doce Remedios; Catálogo de Remedios de Wheeler) Edaf. Madrid.
  • Bach, E. 1993a. Bach por Bach: Obras completas. Ediciones Continente, Buenos Aires.
  • Bach, E. 1993b. Los Remedios Florales: Escritos y Conferencias. Edaf. Madrid.
  • Barnard, J. 2004. Las obras completas del Dr. Edward Bach. Oceano Ambar.
  • Grecco, E. y Espeche, B. (2003). Jung y flores de Bach. Ed. Continente, Buenos Aires. (5ª edición)
  • Grecco, E. H. 2004. El Legado del Dr. Edward Bach. Ediciones Continente, Buenos Aires.
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NOTAS

[1] Flores de Bach: Lo que sana es el proceso. Disponible en: www.anthemon.es

[2] www.susanaveilati.com

[3] Grecco (2007) considera que “la Terapia Floral es una psicoterapia sostenida por esencias florales”. Opino que es un interesante punto de debate, ya que ¿no es en la “psiquis” en donde sobre todo actúan las esencias florales?.

[4] Sí hay registro de los datos en el historial del paciente floral, pero son pocos los que necesitamos recoger de forma estructurada. Veilati (2007 y 2008) los describe, destacando la importancia del arte del saber hacer “preguntas interesantes” al paciente floral.

Referencia de este trabajo:

Almansa, C. 2009. Recursos del Terapeuta Floral en Consulta. Ponencia presentada en el II Congreso de Terapia Floral de Sedibac, mayo 2009, Barcelona. Disponible en: http://www.sedibac.org/MATERIAL-CONGRESO/CD/PDF/Almansa%20C.pdf


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